KILÓMETRO CERO
POR EDGAR FERNANDO CRUZ
8 DE AGOSTO, 2026.
Deteniéndonos en temas de comunicación, de medios y de política y observando cómo los medios ajustan sus filas para buscar un mejor dialogo con el gobierno dela 4T , como el caso de TELEVISA que purgo a sus comentaristas, y el reciente caso de MVS y el locutor Luis Cárdenas. En este panorama y revisando una peligrosa e inoportuna declaración de la presidenta que desnuda de cuerpo entero el sentimiento y la lógica en la relación de este gobierno con la prensa.
El martes 4 de agosto, Claudia Sheinbaum dijo en su conferencia matutina.
“Hace poco me dijo una persona… porque había la frase esta de López Portillo de que decía: “No pago para que me pegues” “Ahora que se redujo el monto que se le daba a los medios a una tercera parte, comparando con lo que se les daba en el sexenio de Peña y que hay más distribución, incluso se apoya a medios estatales, locales… más bien es: “Te pego para que me pagues” Y sí, buscan recursos que no van a tener, porque el dinero es del pueblo. Y segundo, mienten deliberadamente. Lo decía mucho el presidente López Obrador, es la máxima de Hitler, de Goebbels, de «decir una mentira tantas veces hasta que se convierta en verdad”
Caray , caray… los extremos del circulo se juntan… En los años del priismo hegemónico, José López Portillo inmortalizó aquella frase célebre que recordó el martes la presidenta, frase que retrataba el sometimiento del gobierno reprochando a los medios la crítica: “No te pago para que me pegues”.
Décadas después, el discurso dio un vuelco aún más agresivo: hoy la lógica que se desliza desde el micrófono presidencial es un sentimiento abierto que sentencia que aunque tu medio y tus periodistas me peguen, no te pago… Una sentencia de guerra o un señalamiento contra los medios que buscan dinero según ella a través de la crítica fuerte o directa con mentiras. ante la suposición de «Te pego para que me pagues” es decir, dañar la imagen con mentiras o como sea para que el medio compre el silencio comprando espacios publicitarios.
LA MISIVA DESDE LA PRESIDENCIA DEJA MUY CLARO QUE PIENSAN QUE LOS MEDIOS FUNCIONAN A FAVOR O ENCONTRA POR dinero.
El mensaje es agresivo, duro pero claro sobre la lógica del manejo de medios que tiene este gobierno y que a todas luces es erróneo.
Se equivoca la presidenta. El periodismo no se trata de “pegar” por gusto o de aplaudir por encargo; se trata de ejercer los géneros periodísticos para investigar, analizar y vigilar al poder. Si un reportaje, una investigación o un documental demuestra que este o cualquier gobierno miente, comete errores o incurre en omisiones, es obligación del periodista comunicarlo, aunque en los pasillos de Palacio Nacional se interprete como un “golpe” a la imagen oficial.
La publicidad oficial no es un premio ni una dádiva para los medios sumisos, ni un castigo para los críticos; es un recurso público destinado a garantizar el derecho a la información de toda la ciudadanía.
Remata la mandataria asegurando que no habrá recursos porque “es dinero del pueblo”. Y en esa frase radica la gran trampa ideológica: confundir los recursos de la Nación con la caja chica de un proyecto político. Asumir que condicionar la pauta publicitaria es una medalla de austeridad no es más que un chantaje simplista: o estás conmigo, o estás contra mí.
Al ahogar financieramente a los medios de comunicación independientes y negarles la compra de espacios, el gobierno no está castigando a los dueños de las empresas; está castigando directamente a las audiencias. Se le priva a un sector de la población de estar informado sobre campañas de salud, protección civil y trámites gubernamentales o de rendir cuentas esenciales simplemente porque, ven, leen o escuchan un medio que no se alinea con el discurso oficial.
El uso de la pauta pública como garrote o premio es una práctica autoritaria que creímos superada. Utilizar el presupuesto de todos los mexicanos para estrangular a la crítica no defiende al pueblo: estrangula el derecho a la información y vulnera la democracia.
Con todo respeto, se equivoca la presidenta.
