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¿Se agotó la estrategia hacia Irán?

Durante más de cuatro décadas, la política de Estados Unidos hacia Irán ha descansado sobre una misma premisa: incrementar gradualmente la presión económica, diplomática y militar terminaría obligando a Teherán a modificar su comportamiento estratégico.

Amos Olvera Palomino Por Amos Olvera Palomino
8 agosto 2026
in Opinión
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¿Se agotó la estrategia hacia Irán?

Amos Olvera

Amos Olvera Palomino 

*Analista [email protected]

Durante más de cuatro décadas, la política de Estados Unidos hacia Irán ha descansado sobre una misma premisa: incrementar gradualmente la presión económica, diplomática y militar terminaría obligando a Teherán a modificar su comportamiento estratégico. Sin embargo, después de más de cinco meses de conflicto abierto y de una larga historia de confrontación, comienza a surgir una pregunta que hasta hace poco parecía impensable: ¿y si el problema ya no fuera únicamente Irán, sino la estrategia diseñada para contenerlo?

Lo interesante es que esta reflexión ya no proviene exclusivamente de analistas críticos de la política exterior estadounidense. También empieza a abrirse paso en publicaciones conservadoras y centros de análisis cercanos al propio establishment de Washington.

La sensación es la de vivir una y otra vez la misma historia.

Como en la película El Día de la Marmota.

Cambian los presidentes.

Cambian las administraciones.

Cambian las operaciones militares.

Pero el resultado termina siendo muy parecido: escalada, sanciones, negociaciones, una pausa temporal… y nuevamente el regreso al punto de partida.

Esa repetición revela algo más profundo que un simple fracaso diplomático. Sugiere el posible agotamiento de un paradigma estratégico.

Durante años se pensó que las sanciones terminarían debilitando al régimen iraní hasta obligarlo a negociar desde una posición de inferioridad. Sin embargo, ocurrió algo diferente. Irán sufrió costos económicos enormes, pero al mismo tiempo fortaleció su industria militar, desarrolló capacidades tecnológicas propias, amplió su cooperación con Rusia y China y consolidó nuevas relaciones con buena parte del llamado Sur Global.

Paradójicamente, parte de las medidas diseñadas para contenerlo terminaron acelerando su capacidad de adaptación.

Algo semejante ocurrió con Rusia después de 2022.

Las sanciones pueden afectar una economía.

Pero no necesariamente modifican la estrategia de un Estado cuando éste considera que enfrenta una amenaza existencial.

Éste parece ser precisamente el debate que comienza a emerger en algunos sectores del pensamiento estratégico estadounidense.

Cada nueva ofensiva demuestra una superioridad militar evidente.

Pero otra cuestión muy distinta es modificar el cálculo estratégico del adversario.

Y ése parece ser el verdadero problema.

Israel enfrenta un dilema parecido. Su superioridad militar convencional sigue siendo indiscutible. Sin embargo, la historia demuestra que destruir infraestructura o degradar capacidades militares no siempre equivale a alcanzar objetivos políticos duraderos.

La diferencia entre victoria táctica y victoria estratégica continúa siendo una de las lecciones más constantes de la historia militar.

Las campañas pueden ganar batallas.

La estrategia es la que decide las guerras.

Por ello comienza a plantearse una pregunta distinta.

¿Y si el verdadero problema ya no fuera la capacidad de resistencia de Irán?

¿Y si el problema fuera el agotamiento del paradigma estratégico con el que Estados Unidos e Israel han intentado modificar el comportamiento iraní durante más de cuarenta años?

Porque cuando una estrategia deja de producir los resultados esperados, la respuesta suele consistir en aumentar la presión.

Más sanciones.

Más operaciones militares.

Más demostraciones de fuerza.

Pero también existe el riesgo de que esa dinámica termine normalizando un estado permanente de confrontación.

Una guerra sin victoria definitiva.

Sin paz.

Y sin una salida política claramente visible.

Tal vez ésa sea la principal enseñanza que deja el conflicto.

No que Estados Unidos e Israel hayan perdido su superioridad militar.

Tampoco que Irán haya obtenido una victoria militar decisiva.

La cuestión parece ser otra.

Si después de más de cuatro décadas los instrumentos empleados siguen produciendo esencialmente los mismos resultados, quizá haya llegado el momento de preguntarse si el problema reside únicamente en el adversario.

O si, como en El Día de la Marmota, el verdadero desafío consiste en reconocer que repetir indefinidamente la misma estrategia difícilmente producirá un desenlace diferente.

Tags: Estados UnidosIRÁNIsraelopinión
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