KILÓMETRO CERO
POR EDGAR FERNANDO CRUZ
08 DE MAYO, 2026.
Imagínense realizar un viaje a la Península de Yucatán y recorrer 20 siglos de historia. La verdad es que la arqueología mexicana ha vivido épocas luminosas, desde los primeros descubrimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Muchos nombres han desfilado, desde los primeros exploradores hasta quienes hoy encabezan estas tareas.
No queda duda de que, tras hallazgos como el de Pakal en Palenque, la Coyolxauhqui en el Templo Mayor o la exploración de Calakmul, estamos frente a una de las etapas más brillantes de la arqueología. Nos encontramos ante uno de los salvamentos más intensos, extensos e importantes de nuestra era.

La construcción del Tren Maya permitió el hallazgo de más de 10,000 estructuras inmuebles relativamente íntegras, más de un millón 400 mil fragmentos de cerámica y cerca de 10,000 piezas completas entre vasijas, platos y metates. Son objetos que nos brindan información invaluable sobre la historia maya, la de México y el paso de la humanidad por esta tierra.
Como les he dicho, son más de 2,000 años de una cultura que, misteriosamente, se esfumó. Definitivamente, el Tren Maya detonó estos hallazgos, pero la exploración, recuperación y conservación recaen en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Su función es clara: encontrar, rescatar, preservar y difundir, porque la arqueología es el ancla del proyecto.
El misterio del Mundo Maya es el argumento principal y el espíritu de estos 1,500 kilómetros de vías férreas que buscan conectar pueblos punto a punto. Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo; ciudades y comisarías que ahora mantienen un contacto social y comercial estrecho.
Detonar el interés nacional e internacional por visitar estos sitios y sus ocho nuevos museos es una responsabilidad compartida. Conocer la cultura de cada región, comprar artesanías, disfrutar la gastronomía y escuchar la música local involucra tanto al Gobierno Federal y a los estados, como a los promotores privados. El tren acerca a los mexicanos y al mundo a la raíz maya.

En próximas entregas, relataré la experiencia de viajar a bordo del tren para llegar hasta uno de los sitios más profundos, con 2,000 años de antigüedad. Hablo de Calakmul, enclavado en la selva, reserva de la biósfera y Patrimonio de la Humanidad. Un sitio que impone su mística y su silencio, aun cuando fue, en sus 1,500 años de esplendor, una urbe política dominante y guerrera.
Estamos en Quintana Roo y no podemos dejar de vivir, al menos una vez en la vida, este recorrido fantástico: de Tulum a Calakmul, pasando por Kohunlich. El reto es grande para las secretarías de turismo, para el Tren Maya y para la iniciativa privada. Nos toca a nosotros, los mexicanos, hablar bien de lo nuestro. Es indispensable impulsar en todo el mundo uno de los viajes más interesantes y significativos del planeta.
Continuará…

