La presidenta Claudia Sheinbaum aprovechó su conferencia mañanera de este lunes para trazar, con toda claridad, la regla rumbo a 2027: cualquier servidor público que quiera ser candidato deberá renunciar a su cargo antes de entrar a las encuestas internas de Morena. “No se puede ser servidor público y al mismo tiempo candidato o precandidato, tienen que dejar el gobierno y, en todo caso, dedicarse a trabajar por el partido al que pertenezcan”, explicó, al insistir en que la función pública y el proselitismo no pueden caminar juntos.
En ese contexto nacional, Quintana Roo aparece como caso de estudio de lo que la propia presidenta quiere evitar: campañas adelantadas con funcionarios aún en gestión.
En Cancún, un sondeo ciudadano recogido en la prensa local revela que la población identifica bardas, promoción personalizada y propaganda territorial como evidencia de que la contienda rumbo a 2027 ya arrancó, aunque legalmente no haya precampañas.
Las críticas apuntan a que, mientras Sheinbaum pide renuncias para no confundir, en el Caribe mexicano varios funcionarios juegan a ser gestores por la mañana y aspirantes por las noches.
Ahí entra Pablo Bustamante, secretario de Bienestar en el estado, cuya presencia en colonias populares y promoción mediática se acompaña de mediciones demoscópicas que lo colocan bien posicionado, al tiempo que su nombre se asocia a recorridos y programas sociales que, según habitantes, se sienten más como precampaña que como política pública.
En paralelo, el secretario del Ayuntamiento de Benito Juárez, Pablo Gutiérrez, ha sido directamente vinculado con la aparición de bardas con leyendas como “Mejor Pablo” o “Viene Pablo”, que inundan zonas de Cancún y que ciudadanos identifican como parte de una estrategia coordinada para posicionarlo antes de tiempo.
A este cuadro se suma Óscar Rebora, secretario de Medio Ambiente de Quintana Roo, otro de los actores subidos a la disputa por Cancún, cuyo nombre y emblemas participan en la llamada “guerra de bardas” documentada por medios locales como parte de una estrategia más amplia de campañas adelantadas.
También figura en el radar político Erick Arcila, jefe de la Oficina de la Gobernadora de Quintana Roo, quien ha sido mencionado de forma recurrente en la conversación pública como uno de los perfiles en construcción rumbo al proceso sucesorio local.
En el norte del estado, el secretario de Salud, Flavio Carlos Rosado, también aparece en el tablero político como aspirante a la presidencia municipal de Isla Mujeres, combinando presencia institucional con creciente posicionamiento territorial.
Además, en el entorno político local crecen los señalamientos sobre la contratación y difusión de encuestas para proyectar una supuesta popularidad anticipada de diversos aspirantes, práctica que busca construir percepción pública de ventaja antes de los tiempos legales y presionar políticamente a partidos y estructuras.
La presidenta Sheinbaum fue puntual: “Tienen que dejar el gobierno y en todo caso pues dedicarse a trabajar por el partido al que pertenezca”.
Colocada la vara alta en el discurso, ahora la presión política recae sobre los aspirantes caribeños que pintan bardas, encargan encuestas, promueven su imagen y reparten apoyos sin dejar el puesto.
