KILÓMETRO CERO
POR EDGAR FERNANDO CRUZ
29 DE MAYO, 2026.
¿En qué momento la gestión de un gobierno estatal cruza la línea entre la cooperación institucional y la vulneración de la soberanía nacional? El caso que hoy sacude a Chihuahua y pone en el ojo del huracán a la gobernadora Maru Campos no es un asunto menor ni un simple diferendo administrativo; es una radiografía de cómo el impacto político de un hecho se mide por la profundidad de sus responsabilidades gubernamentales.
Si Chihuahua resultó ser una coladera porosa para la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, la pregunta obligada salta de inmediato a la mesa: ¿estamos ante un acuerdo bilateral fáctico entre el gobierno local y Washington?
Vayamos al fondo. En las cañerías del poder, los acuerdos “en lo oscurito” suelen operar bajo el manto de la autonomía estatal, estirando las facultades locales hasta zonas grises donde el Gobierno Federal tarda en encender las alarmas. Sin embargo, pretender que una entidad federativa actúe como un Estado soberano con agenda de inteligencia propia frente a una potencia extranjera no solo es ingenuo, sino jurídicamente insostenible. ¿Hasta dónde se puede castigar esta audacia periférica? El marco legal mexicano es estricto en cuanto a las facultades exclusivas de la Federación en materia de seguridad nacional y política exterior; rebasarlas abre un boquete institucional cuyas consecuencias apenas comenzamos a vislumbrar.
¿Traición, Descuido o Lodazal? De no poder vs. no poder
Aquí es donde el debate se bifurca entre la técnica jurídica y la narrativa de la trinchera. ¿Es en realidad un hecho de traición a la patria o una violación constitucional flagrante? Desde la óptica estrictamente legal, los elementos constitutivos de la traición a la patria exigen supuestos muy específicos. No obstante, en la arena pública, la acusación opera con una efectividad demoledora. Es innegable que el asunto huele, se siente y se opera con un matiz eminentemente político, más que judicial. Hay una intencionalidad clara desde el centro: aprovechar este monumental tropiezo para desarticular el bastión que le queda al PAN y arrebatarle el estado.
Pero más allá del previsible cálculo de la Federación, las preguntas que subyacen en el terreno opositor revelan un preocupante vacío de estrategia:
¿Están siguiendo el camino correcto el PAN y Maru Campos al lanzar una ofensiva tan desarticulada?
La respuesta corta es no. Hasta el momento, la defensa local parece reactiva y endeble, basándose casi exclusivamente en desestimar el citatorio a declarar como testigo bajo el argumento de que es una “carta mal hecha”. Minimizar la forma cuando el fondo es un terremoto político es un error táctico de manual.
¿Son oportunas las declaraciones del líder nacional del PAN?
Marko Cortés acude al rescate con la retórica habitual de la persecución política, pero sus palabras suenan más a un guion ensayado que a una defensa sólida basada en hechos. Al blindar ideológicamente lo que debería responderse con transparencia institucional, el partido termina por validar la narrativa de que hay algo oculto.
¿Qué sigue en este lodazal? Lo que viene es una guerra de desgaste donde la verdad será la primera baja. Veremos al aparato federal estirar la liga de la constitucionalidad para asfixiar políticamente a la gobernadora, mientras que el panismo chihuahuense intentará victimizarse para retener la plaza.
Al final del día, la lección es cruda: en la política moderna, cuando abres la puerta trasera de tu estado a intereses ajenos a la Nación, tarde o temprano la puerta delantera se vendrá abajo. Chihuahua hoy está atrapada en esa tormenta perfecta.

