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PVEM: la política convertida en mercado de estampitas

El PVEM en Cárdenas parece estar entrando en esa fase incómoda en la que la urgencia electoral sustituye a la estrategia política.

Alfredo A. Calderón Cámara Por Alfredo A. Calderón Cámara
12 agosto 2026
in Opinión
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PVEM: la política convertida en mercado de estampitas

Armagedón

“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz!”
Isaías 5:20

Alfredo A. Calderón Cámara
mailto:[email protected]

Diego de la O, Miguel Moheno y Juan Carlos Guzmán Correa pueden sumar cuantos nombres quieran, pero una incorporación no construye estructura, las chaquiras y lentejuelas no generan confianza, ni convierten automáticamente simpatías sociales en votos

La llegada de Hernán Pérez Sosa no debe analizarse por su pertenencia a la comunidad LGBT, porque la orientación o identidad de una persona no constituye mérito ni demérito político. Lo verdaderamente cuestionable sería que el PVEM pretenda utilizar esa condición como escaparate electoral, como si representar a una comunidad consistiera simplemente en incorporar a alguien y tomarse la fotografía correspondiente

Una inclusión político social auténtica se demuestra con agenda, respeto a los derechos de los demás, propuestas, estrategias y resultados; lo demás corre el riesgo de convertirse en utilería propagandística. Y allí aparece el problema de fondo: en política importa tanto a quién incorporas como el devastador historial que incorporas con él

Si existen antecedentes documentados de conflictos, falta de equilibrios, madurez, indisciplina, confrontaciones o incapacidad para construir consensos, el partido tendría que explicar qué valor político agrega realmente el nuevo personaje y no limitarse a venderlo como una adhesión espectacular. El PVEM parece buscar volumen donde todavía no encuentra arraigo. Pero la política no funciona acumulando membretes humanos como estampitas

Un partido electoralmente débil no se fortalece reclutando personajes sin evaluar costos, antecedentes y capacidad territorial; puede terminar importando también sus problemas. En Cárdenas el Verde necesita estructura, credibilidad, liderazgo y una propuesta propia. Si sustituye todo eso por incorporaciones apresuradas, estará confirmando precisamente lo que intenta ocultar: que no está creciendo, está buscando desesperadamente de dónde agarrarse

La pregunta que nadie quiere responder: ¿Qué le está ofreciendo realmente el PVEM a Cárdenas? La incorporación de nuevos personajes en Cárdenas obliga a formular una pregunta mucho más incómoda que la fotografía, el abrazo, la sonrisa y el comunicado triunfalista de rigor: ¿Cuál es exactamente la oferta política, social, ética y moral que Miguel Ángel Moheno Piñera y Juan Carlos Guzmán Correa están presentando a los cardenenses?

Porque sumar personas no necesariamente significa sumar prestigio; mucho menos significa sumar organización, estrategias políticas, credibilidad o proyecto. El problema comienza cuando la política abandona la construcción de ciudadanía y se convierte en mercado de fichajes. Hoy llega uno. Mañana otro. Después aparece alguien con presencia en redes. Y cada incorporación es presentada como si hubiera ocurrido la reunificación de Alemania. La dirigencia termina confundiendo notoriedad con liderazgo, seguidores con militantes, ruido con estructura y fotografía con voto

¿Dónde quedó el respeto a los derechos políticos de los militantes? Aquí aparece el cuestionamiento verdaderamente delicado. La militancia no debería servir solamente para colocar lonas, organizar reuniones, llenar eventos, compartir publicaciones, caminar colonias, repartir propaganda, cuidar casillas y posteriormente contemplar desde la banqueta cómo un recién llegado recibe promesas de una candidatura

Eso no es militancia. Eso es mano de obra electoral. Y existe una diferencia ética gigantesca. Aquí está la contradicción política. Si una organización proclama carrera partidista, pero recompensa sistemáticamente la incorporación de figuras externas por encima de quienes hicieron vida política dentro de ella, la militancia aprende una terrible lección: trabajar durante años sirve menos que negociar bien durante semanas

Ese mensaje destruye partidos. Primero genera inconformidad. Después apatía. Luego deserciones. La reciente incorporación de Hernán Sosa al PVEM de Cárdenas ha sido divulgada públicamente como parte del proceso de fortalecimiento del partido. Incluso este 11 de agosto, Miguel Moheno denunció que las nuevas incorporaciones del Verde han sido objeto de una campaña de ridiculización en redes sociales. Pero el verdadero debate no debería ser si Hernán Sosa cae bien o mal

Su orientación o identidad no lo hace mejor ni peor candidato, dirigente o militante. Una comunidad no es una mercancía electoral. La diversidad no puede convertirse en accesorio para fotografías. Si el PVEM considera que Hernán Sosa representa una incorporación valiosa, entonces debe explicar qué proyecto político aporta, qué capacidad organizativa tiene, cuáles son sus propuestas para Cárdenas, qué trayectoria partidista pretende construir y qué coincidencias programáticas mantiene con el Verde

¡Eso sería política! Lo demás parece mercadotecnia ¿Y qué ocurrirá cuando llegue la hora de repartir candidaturas? Aquí comienza la verdadera prueba. Porque mientras todavía no existen candidaturas formalmente definidas, todos caben. Son importantes. Son liderazgos y representan sectores. Aparecen en la fotografía y reciben abrazos. Ubiquemos: las campañas de afiliación son primavera y las candidaturas son invierno

Diego de la O no debería tener miedo de cómo “controlar” a Hernán Sosa. Debería existir un partido capaz de procesar institucionalmente sus aspiraciones. Porque si la estabilidad interna depende de que el dirigente pueda controlar personalmente a cada aspirante, entonces no existe institucionalidad. Existe caudillismo administrativo. La prueba llegará cuando alguien escuche: ¡“Figurita no vas tú”! Esas tres palabras han fracturado partidos enteros

¿Qué sucedería si Hernán Sosa buscara una diputación plurinominal y el Verde eligiera otro perfil? ¿Qué ocurriría si pretendiera encabezar una candidatura municipal y la dirigencia respetando los derechos políticos resolviera favorecer a un militante con mayor antigüedad? ¿Qué pasaría si el recién llegado descubriera que la bienvenida significaba afiliación, pero no candidatura? Esas preguntas no constituyen una acusación contra Sosa. Son preguntas sobre la capacidad institucional del PVEM para administrar expectativas políticas

El conflicto moral: premiar al recién llegado y olvidar al militante que resistió. Existe además una dimensión moral que los dirigentes suelen recordar únicamente cuando pronuncian discursos. La lealtad debería tener algún valor. No un derecho automático a una candidatura, porque los partidos tampoco pueden convertirse en sindicatos de antigüedad. Pero sí debería otorgar derecho a competir en condiciones razonablemente justas

Un militante que lleva años construyendo estructura no necesariamente merece ser candidato. Pero merece saber que no trabajó inútilmente. Merece reglas, procedimientos, transparencia, que una candidatura no aparezca mágicamente asignada al personaje que apenas llegó porque puede atraer reflectores. La ética partidista comienza precisamente allí: cuando el dirigente tiene que decidir entre conveniencia inmediata e institucionalidad; hasta ahora, el PVEM es la política convertida en mercado de estampitas

SÉPTIMO SELLO

Y llegamos al componente inevitablemente irónico del asunto. Juan Carlos Guzmán Correa es conocido políticamente como “Búho”. En el ecosistema político cardenense se ha proyectado además una imagen asociada al conocimiento y la lectura, sin duda un hombre culto. Pero aquí conviene no caer en una trampa intelectual. Leer 2 mil 500 libros no convierte automáticamente al abogado en buen político; cierto, el conocimiento se mide por la altura de una biblioteca y se demuestra cabildeando, sumando y tomando decisiones

Haber leído a Platón, Aristóteles, Maquiavelo, Hobbes, Rousseau, Montesquieu y Tocqueville y posteriormente administrar un partido como club de ocurrencias, hace pensar que los libros sirvieron de decoración. El contraste realmente demoledor no debería formularse entre quienes le apuestan a que hará el abogado Guzmán Correa si le llegan a dar la curul que tiene soñada a un ser intelectualmente mucho más iletrado

SÉPTIMA TROMPETA

Si Moheno y Guzmán pretenden convertir al PVEM en una alternativa competitiva, deberían poder responder con claridad: ¿Cuál es su proyecto de municipio? No quién llegó. No quién se afilió. Qué quieren hacer con Cárdenas. Porque cuando un partido habla mucho de sus incorporaciones y poco de su propuesta, existe el riesgo de que esté intentando sustituir programa por personajes. Tampoco deben convertir la diversidad en utilería

Existe además una frontera moral particularmente importante. Si Hernán Sosa pertenece públicamente a la comunidad LGBT, su incorporación tendría que significar exactamente lo mismo que la incorporación de cualquier otro ciudadano: aceptación plena de su dignidad, reconocimiento de sus derechos y valoración de su verdadera -mucha o escasa- capacidad política. No tendría por qué convertirse en “la cuota LGBT” del partido

SÉPTIMA COPA

El PVEM de Cárdenas podría encontrarse construyendo involuntariamente una bomba interna. Por un lado, militantes tradicionales esperando oportunidades. Por otro, nuevas incorporaciones llegando con capital mediático sin capacidad electoral. En medio, una dirigencia municipal obligada a mantener equilibrio. Arriba, una dirigencia estatal que finalmente tendrá que autorizar, negociar o procesar candidaturas bajo las reglas partidistas correspondientes

Y alrededor, Morena, Movimiento Ciudadano, PT y demás competidores observando atentamente cualquier fractura. Ese será el examen verdadero. No la ceremonia de bienvenida. No el aplausómetro. No los limones. No Facebook. No las fotografías. Porque allí se descubrirá quién llegó por convicción y quién llegó por posición. Quién tiene disciplina. Quién tiene proyecto. Quién acepta reglas. Quién amenaza con marcharse cuando no recibe lo esperado. Y quién estuvo dispuesto a utilizar al partido simplemente como vehículo electoral

Tags: opiniónPVEM CárdenasTabasco
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