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Paseo Tabasco bajo escrutinio: dos llantas hoy, una vida mañana

Alfredo A. Calderón Cámara Por Alfredo A. Calderón Cámara
26 agosto 2026
in Opinión
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Paseo Tabasco bajo escrutinio: dos llantas hoy, una vida mañana

Armagedón

“El avisado ve el mal y se esconde; más los simples pasan y reciben el daño”
Proverbios 22:3

Alfredo A. Calderón Cámara
**[email protected]

Lo ocurrido ayer sobre Paseo Tabasco, dirección de Ruiz Cortines hacia el parque Los Guacamayos, debería provocar una revisión inmediata del mobiliario colocado sobre esa importante vialidad de Villahermosa. Porque una jardinera metálica -de acero- fuera de posición no solamente representa un desperfecto urbano. Representa un riesgo vial y para los ciudadanos que circulan por el lugar

Dos neumáticos destruidos pueden parecer, para una autoridad acostumbrada a administrar estadísticas, un incidente menor. No lo es ¿Qué sucederá cuando en lugar de neumáticos, sea la pierna de un motociclista la que quede en dos pedazos por el acero de la jardinera? El clásico refrán: “después del niño ahogado, el pozo tapado”. Grave sin duda este descuido de la autoridad responsable

Ubiquemos: cuando una estructura instalada, tolerada o mantenida bajo responsabilidad pública invade el espacio de circulación y termina actuando prácticamente como una cuchilla contra los neumáticos de un automóvil, el problema deja de ser ornamental para convertirse en un asunto de seguridad. La narrativa es contundente: “Circulábamos por el carril izquierdo, junto a las jardineras, cuando repentinamente sentimos un fuerte impacto en el costado izquierdo del vehículo. Al detenernos descubrimos el daño”

“Las dos llantas del lado izquierdo estaban literalmente degolladas. La causa, una jardinera metálica salida de su posición, cuyo borde invadía parte del espacio destinado a la circulación. El acero hizo el resto. Dos neumáticos destruidos. Hubo daños materiales. Otro conductor podría no tener la misma suerte. En suma: el problema no son las llantas

Resultaría extraordinariamente cómodo reducir todo a una factura de neumáticos. Se pagan dos llantas, se mueve la jardinera veinte centímetros y asunto terminado ¡No! El verdadero problema consiste en preguntarnos qué habría sucedido si el vehículo hubiera circulado a mayor velocidad ¿Qué ocurre cuando dos neumáticos del mismo costado sufren una ruptura repentina? ¿Qué sucede si el conductor pierde el control? ¿Qué ocurre si junto al automóvil circula una motocicleta? ¿Qué pasa si hay peatones cerca? ¿Qué sucede si el vehículo se desplaza hacia otro carril y se estrella?

Entonces se comprende que se está hablando de algo mucho más serio que una jardinera desalineada. Se habla de una condición material capaz de desencadenar un accidente vial de consecuencias funestas para cualquier ciudadano. Y ésa es precisamente la frontera entre el descuido administrativo y la responsabilidad pública. Las ciudades modernas no solamente se administran recogiendo basura, pintando banquetas o colocando plantas

También deben garantizar que la infraestructura que instalan no se convierta en un peligro para quienes utilizan el espacio público. Parece elemental. Pero la administración pública mexicana tiene ocasionalmente esa extraordinaria capacidad de convertir lo elemental en extraordinario ¿Quién supervisa lo que se coloca en las calles? Aquí aparece inevitablemente la pregunta política ¿Quién es responsable de revisar esas jardineras?

Las preguntas surgen una tras otra ¿Existe un programa de inspección? ¿Se supervisa periódicamente su alineación? ¿Se verifica después de algún impacto que no hayan quedado desplazadas? ¿Alguien recorre Paseo Tabasco buscando riesgos para automovilistas y peatones? ¿O simplemente se colocaron y después pasaron a formar parte del paisaje administrativo hasta que algo ocurriera

Porque el mantenimiento urbano no puede funcionar bajo una lógica profundamente mexicana: primero ocurre el accidente y después aparece la cuadrilla. La prevención justamente existe para evitar eso. Una estructura metálica situada a centímetros del tránsito vehicular requiere vigilancia. Y si puede desplazarse hacia el carril de circulación, requiere todavía mayor vigilancia. No estamos hablando de una maceta doméstica. Estamos hablando de mobiliario pesado instalado junto a una avenida de tránsito constante

Por eso la responsabilidad institucional comienza mucho antes de que alguien pierda una llanta. Comienza desde el diseño. Continúa con la instalación. Sigue con el mantenimiento. Y termina con la inspección permanente. Si alguna de esas etapas falla, el riesgo se traslada al ciudadano. Hay además una dimensión social particularmente irritante. El ciudadano paga impuestos para que las vialidades sean mantenidas

Paga derechos, contribuciones, combustibles, seguros, refrendos, reparaciones y una larga colección de obligaciones que el Estado cobra con notable puntualidad. Pero cuando una deficiencia del espacio público provoca daños, curiosamente comienza otra historia. Entonces aparecen los trámites: las fotografías, los escritos, los presupuestos, los peritajes; lo peor, las oficinas que se declaran incompetentes y de una dependencia que manda a otra dependencia

Y esa infaltable maravilla burocrática conocida como: “perdone Usted, pero aquí no corresponde”, mientras tanto, el ciudadano ya pagó las llantas. Ésa es precisamente una de las razones por las que estos incidentes terminan generando algo mucho más peligroso que el enojo: desconfianza. Porque los ciudadanos comienzan a tener la sensación de que las obligaciones funcionan solamente en una dirección. Cuando el ciudadano incumple, existe sanción. Cuando la administración incumple, comienza el peregrinaje

Puede parecer exagerado convertir una jardinera en un asunto político. No lo es. La calidad de un gobierno también se mide en las pequeñas cosas. En una luminaria funcionando. En una alcantarilla con tapa. En un semáforo sincronizado. En una banqueta transitable. En una rejilla correctamente colocada. En un bache reparado y en una jardinera que no invade la calle y destruye las llantas de los vehículos

Los grandes discursos gubernamentales pueden hablar de transformación, modernización, inversión, infraestructura y desarrollo, pero para quien acaba de perder dos neumáticos porque una pieza metálica invadía el carril, toda esa retórica se vuelve bastante abstracta. La administración pública se juzga precisamente donde toca la vida cotidiana. Y ahí no existen discursos capaces de sustituir el mantenimiento

Hoy, este es quizá el punto central. Hoy fueron dos neumáticos. Mañana podría ser la pierna de un motociclista. Después podría ser un automóvil que pierda el control. Y entonces vendrían las preguntas que siempre llegan después de una tragedia: ¿Por qué nadie retiró esa jardinera? ¿Desde cuándo estaba desplazada y era un peligro? ¿Habían ocurrido otros incidentes? ¿Quién es irresponsable que no atiende su trabajo? ¿Por qué no estaba señalizada? ¿Quién realizó la última inspección?

Risible ¿No? El problema es que esas preguntas deben hacerse antes, no después de dos llantas destruidas o una pierna cercenada. Gobernar precisamente consiste en anticiparse a los riesgos razonablemente previsibles. No existe mérito administrativo en reparar una estructura después de que alguien resulta lesionado. El mérito consiste en impedir que ocurra. Hoy fueron dos llantas, mañana podría ser una vida la que acabe: hoy, Paseo Tabasco está bajo escrutinio: dos llantas hoy, una vida mañana

SEPTIMO SELLO
La creación de la Universidad de la Salud de Tabasco que dio a conocer el secretario de Salud, Dr. Alejandro Calderón Alipi representa una apuesta políticamente relevante del gobierno estatal, porque atiende dos problemas reales: la limitada oferta para estudiar medicina y la necesidad de contar con más personal médico en los servicios públicos. El proyecto contempla iniciar en el verano de 2027 con 160 estudiantes, distribuidos en cinco grupos de 32 alumnos, bajo un programa de seis años, más servicio social

SEPTIMA TROMPETA
Conforme se incorporen generaciones, la matrícula podría llegar a unos 800 estudiantes. El planteamiento es positivo, particularmente porque pretende incorporar formación humanista, investigación, responsabilidad social, inclusión y seguridad del paciente. Además, el gobierno sostiene que ya trabaja en los procedimientos administrativos para obtener el reconocimiento oficial correspondiente. Pero políticamente el verdadero desafío comienza después del anuncio. Abrir una universidad es relativamente sencillo; formar buenos médicos es muchísimo más complicado

SEPTIMA COPA
Se necesitarán profesores calificados, laboratorios, campos clínicos suficientes, hospitales donde los estudiantes puedan realizar prácticas y, sobre todo, condiciones para que los futuros egresados encuentren espacios laborales dentro del propio sistema estatal. La Universidad de la Salud puede convertirse en una política pública importante para Tabasco si logra vincular educación y necesidades reales del sistema sanitario. Pero no debería medirse por edificios, matrículas o ceremonias inaugurales

Su éxito deberá medirse dentro de algunos años con una pregunta mucho más sencilla: ¿Logró formar médicos bien preparados y llevarlos hasta las comunidades y hospitales donde hoy hacen falta? Ahí estará la diferencia entre una nueva institución educativa y una verdadera política de Estado

Cero impunidad

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