La justicia se anuncia con capturas, fichas rojas y conferencias, después llega el silencio, los expedientes se “congelan” y las familias siguen sin obtener justicia.
Por: J. L. Amésquita P.
Hay una costumbre que se está volviendo peligrosa en México, escandalizarnos con la muerte, indignarnos socialmente durante unos días y después a otra cosa…El crimen cambia de nombre, la noticia cambia de página y las victimas quedan en el olvido…Sin embargo para una familia afectada, la muerte de su familiar no dura 24 horas, no deja de ser tendencia, no se archiva solo porque otro escándalo ocupe los titulares…El caso de Carolina Flores Gómez, asesinada en abril en un departamento de la zona de Polanco en la Ciudad de México, parece ser uno de ellos…Las autoridades llegaron a la conclusión que Erika María Guadalupe Herrera Coriand, suegra de la víctima, era la responsable de su muerte…

Después de que su hijo reportara el suceso 24 horas más tarde. Las autoridades giraron orden de aprehensión en su contra, sin embargo la presunta responsable había tenido suficiente tiempo para escapar del país…La presunta asesina realizó un viaje relámpago hasta Venezuela donde las autoridades de ese país efectuaron su detención y eso hizo suponer que en pocos días arribaría a la Ciudad de México para responder por sus acciones, extrañamente eso no ha sucedido…Para sorpresa de la familia de la víctima la historia apenas comenzaba, pese a que Venezuela mantiene vigente el tratado de extradición con México, lo que la familia y la sociedad conoce públicamente es insuficiente…Una pregunta vuela en el imaginario de quienes se mantienen pendientes de ese caso, ¿cuándo regresará a México Erika María Guadalupe Herrera Coriand, para enfrentar el proceso correspondiente?…La ficha roja se emitió y eso hace suponer que al ser aprendida por las autoridades venezolanas, el país debía formalizar su extradición, pero hasta ahora se desconoce el estatus que guarda el expediente y el por qué las autoridades no han logrado traer a la presunta asesina…Otro caso que sigue la misma suerte, es el de Blanca Adriana Vázquez Montiel, una fémina de 37 años que acudió a una “clínica estética” en la ciudad de Puebla…De ese lugar desapareció sin dejar aparentemente rastro alguno, por lo que su familia inició una serie de movilizaciones e incluso investigaciones, hasta que su cuerpo fue localizado en el estado vecino de Tlaxcala…La investigación puso bajo sospecha a la presunta “doctora” Diana Alejandra Palafox Romero, supuesta propietaria del negocio y a otra personas de su círculo cercano…De inmediato los medios de comunicación de esa entidad cuestionaron la autenticidad de las credenciales profesionales que esta persona utilizaba para operar su “clínica”…En la entidad poblana ya se han dado otros casos similares de usurpación de profesiones, basta recordar a la abogada Marilyn Cote, quien ofrecía servicios relacionados con la salud psicológica y los títulos que utilizaba para amparar sus actividades resultaron apócrifos por decir lo menos…La tragedia de Blanca Adriana obliga a mirar con detenimiento estos casos de usurpación de profesiones, cuestionando cómo es posible que establecimientos con estas características operan en las narices de las autoridades y nadie se percate de esas irregularidades…México tiene una enorme capacidad para producir indignación ante hechos como los descritos, pero también tiene una preocupante incapacidad para mantener el asunto en el centro de la discusión hasta lograr que se haga justicia para las víctimas…La memoria pública es corta, la de las familias de los afectados no, para una madre, un padre, un esposo, un hijo o un hermano, el caso nunca deja de ser noticia, cada cumpleaños de la víctima recuerda su ausencia y la falta de justicia…Carolina Flores no puede preguntar cuándo volverá la mujer señalada por su muerte, Blanca Adriana no puede preguntar cuándo estarán frente a un juez quienes son investigados por su caso, la familia si puede hacerlo y la sociedad también debería exigir respuestas…Porque recordar un crimen no significa vivir atrapados en el pasado, significa impedir que la impunidad se convierta en el verdadero fin de la historia y quizá por eso, estos asuntos y otros más, merecen un nombre incómodo: MUERTES EN EL OLVIDO…No porque se haya olvidado necesariamente a las víctimas, sino porque existe el riesgo de que el sistema termine olvidando sus expedientes y cuando un expediente se olvida, la impunidad deja de ser una posibilidad y se convierte en un método…Hasta la próxima.
