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Bertruy: la irracionalidad de dividir y polarizar

Alfredo A. Calderón Cámara Por Alfredo A. Calderón Cámara
19 agosto 2026
in Opinión
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Alfredo A. Calderón Cámara

Alfredo A. Calderón Cámara

Armagedón

Alfredo A. Calderón Cámara

“Saeta mortífera es su lengua; engaño habla en su boca”
Jeremías 9:8

**[email protected]
Dice la Palabra: “De la abundancia del corazón habla la boca” y hay palabras que revelan mucho más de un político que cien discursos cuidadosamente escritos. Humberto de los Santos Bertruy horriblemente vomito las miasmas de su sentir al pronunciar: “Mal nacidos”. “Verdaderos tabasqueños”. “Tabasqueños bien nacidos”. No estamos ante una simple frase desafortunada pronunciada al calor de una reunión política

Estamos frente a una concepción profundamente equivocada: la pretensión de polarizar y dividir una sociedad, entre quienes merecen pertenecer moralmente a ella y quienes por pensar distinto, gobernar desde otro partido político o por haber nacido fuera del territorio estatal, pueden ser colocados simbólicamente del lado de los indeseables

Durante la reunión de “Juntos por Tabasco” el expresidente municipal de Centro llamó a proteger la entidad para que ningún tabasqueño o tabasqueña “mal nacido” la destruya. Después endureció todavía más su discurso al hablar de “verdaderos tabasqueños”, rechazar “chilangos”, “norteños” o “costarricenses” y concluir que Tabasco necesita a los “tabasqueños bien nacidos” que aman al estado

Esos dichos son políticamente: un disparate. Democráticamente mucho peor. Porque el problema no consiste exclusivamente en la desequilibrada vulgaridad del calificativo. El verdadero problema está en la pregunta que inevitablemente deja: ¿Quién expide ahora los certificados de “tabasqueño bien nacido”? ¿Bertruy, el PRI, PRD, Somos México o el frente opositor?

¿Existe alguna oficina donde uno pueda acudir con acta de nacimiento, credencial de elector y árbol genealógico para que Humberto de los Santos determine si merece pertenecer al selecto club de quienes “aman verdaderamente” a Tabasco? La sola idea resulta estúpida y estrambótica. Pero detrás del ridículo existe algo políticamente peligroso

Cuando un dirigente comienza a dividir a la población entre “los verdaderos” y “los falsos”, “los buenos” y “los malos”, “los bien nacidos” y “los mal nacidos”, ya no está discutiendo políticas públicas. Está construyendo enemigos morales. Y ésa es exactamente la clase de política que Tabasco debería dejar enterrada

La ironía es monumental. “Juntos por Tabasco” fue presentado públicamente el 3 de agosto, PRD, PRI, Somos México y por el propio Bertruy: dijeron que el espacio nacía como una mesa democrática. Más todavía. Se afirmó expresamente que el movimiento no nacía para confrontar ni para alimentar el odio o la polarización, sino para construir una agenda mediante diálogo, acuerdos y participación social

Diez palabras después, dos semanas más tarde llegó la más terrible realidad. Humberto de los Santos se planta frente al micrófono y comienza a hablar de “mal nacidos”, “verdaderos tabasqueños” y “bien nacidos” ¡Extraordinaria manera de combatir la polarización: monopolizando y descalificando! Si ésa es la narrativa de “Juntos por Tabasco”, entonces la oposición tiene un problema mucho mayor: todavía no comprende para qué quiere regresar al poder

Bertruy tiene todo el derecho político a criticar al gobernador Javier May. Puede denunciar errores, señalar deficiencias, cuestionar decisiones, para eso existe la democracia, lo que no puede pretender es transformar la discrepancia política en superioridad moral de nacimiento. Porque entonces el razonamiento se vuelve perverso: si yo defiendo Tabasco, soy bien nacido; si tú perteneces al proyecto que yo considero dañino, eres mal nacido. Y allí comienza la intolerancia

Se advierte el reflejo autoritario: la apropiación de la identidad colectiva por una facción política. Tabasco no pertenece a Morena. Pero tampoco pertenece a Humberto de los Santos Bertruy. Ni a Javier May. No pertenece al PRI ni al PRD. No pertenece a López Obrador, ni pertenece a quienes nacieron en Villahermosa, Cárdenas, Macuspana o Comalcalco

Tabasco pertenece jurídicamente a sus ciudadanos y culturalmente a una sociedad muchísimo más compleja que cualquier partido. Nadie necesita la bendición genealógica de un político para trabajar, gobernar, invertir, enseñar, curar, producir o servir en esta tierra. Existe además un segundo problema. Cuando Bertruy dice que Tabasco no necesita “chilangos”, “norteños” ni “costarricenses”, está sustituyendo una discusión sobre competencia, legalidad, honestidad y resultados por una discusión sobre procedencia geográfica

Esa es una pendiente intelectualmente pobrísima. Un funcionario no es bueno porque nació en Tabasco. Ni malo porque nació afuera. Un tabasqueño puede ser extraordinariamente competente. Y también puede ser terriblemente corrupto. Un foráneo puede desconocer profundamente la realidad estatal. Y otro realizar un trabajo impecable. El criterio democrático debería ser elemental: ¿Cumple la ley, es competente, rinde cuentas, da resultados, respeta a la ciudadanía?

Tabasco conoce demasiado bien el absurdo de pensar que haber nacido aquí constituye garantía moral. Si la corrupción, la incompetencia y el abuso del poder respetaran fronteras estatales, bastaría instalar una caseta migratoria en los límites con Veracruz, Chiapas y Campeche para resolver 500 años de problemas políticos. Desgraciadamente, la realidad tiene menos sentido del humor

Además, Bertruy tiene un problema adicional: él ya gobernó. Hay políticos que pueden hablar desde la teoría. Bertruy no. Humberto de los Santos ya gobernó Centro, por eso su ramplón discurso tiene que pasar inevitablemente por el espejo de su propia administración. Y el espejo no siempre devuelve la fotografía que uno quisiera colocar en campaña

Una publicación de diciembre de 2015, basada en el Índice de Desempeño de Alcaldes y Jefes Delegacionales del Gabinete de Comunicación Estratégica, reportó que Bertruy terminó con 6.828 puntos y en el último lugar de aquella evaluación entre los municipios incluidos; la misma información señaló altos niveles de corrupción e insatisfacción ciudadana con distintos servicios municipales

Naturalmente, una encuesta de percepción no constituye una sentencia histórica definitiva sobre un gobierno. Pero tampoco puede borrarse. Mucho menos cuando quien fue evaluado vuelve años después pretendiendo explicar quién ama suficientemente a Tabasco. Porque entonces aparece una pregunta incómoda: ¿Se demuestra ser “bien nacido” pronunciando discursos o gobernando bien?

Si el requisito para pertenecer al selecto grupo de los salvadores del estado será el amor a Tabasco, tendremos que tener una definición operativa ¿Es acusar al adversario de destruirlo? ¿O amar a Tabasco consiste en que funcionen el agua, el drenaje, el alumbrado, las calles, la seguridad, los mercados y los servicios cuando uno tiene la responsabilidad de gobernar? Porque discursos patrióticos produce cualquiera

Existe otro dato que obliga terriblemente a bajar varios centímetros su grandilocuencia, Bertruy volvió a competir por la alcaldía de Centro en 2024, como candidato del PVEM. De acuerdo al conteo electoral referido por la XEVT, perdió aquella elección frente a Morena nada más por 105 mil votos; es decir, fue barrido y trapeado. Son naturales sus odios y resentimientos

Resulta peculiar que un Bertruy que hace apenas dos años no logró convencer ni siquiera a una ridícula minoría del electorado de Centro aparezca ahora diciendo a los ciudadanos quienes aman verdaderamente a Tabasco y quienes aparentemente califican como “mal nacidos” ¿Con qué calidad moral? Bertruy es la clara imagen de la irracionalidad de dividir y polarizar

SEPTIMO SELLO
Tabasco atraviesa problemas demasiado serios para jugar a incendiar todavía más el lenguaje político. Cuando existe violencia, inseguridad, confrontación social y desconfianza institucional, la responsabilidad de quienes aspiran a gobernar debería consistir precisamente en bajar la temperatura, no en colocar gasolina sobre el debate. La oposición tiene una oportunidad legítima de construir un proyecto competitivo rumbo a 2027

Pero si pretende hacerlo reproduciendo los mismos vicios que denuncia en Morena, habrá cambiado únicamente los nombres de los protagonistas. “Juntos por Tabasco” puede cuestionar el poder. Pero si comienza a establecer quién es “verdadero tabasqueño” y quién no, estará demostrando que detrás de la supuesta alianza democrática todavía habita una política vieja, excluyente y peligrosamente intolerante

SEPTIMA TROMPETA
Existe una paradoja final que Bertruy debería considerar. Quiso pronunciar una frase para demostrar cuánto ama a Tabasco. Pero, terminó pronunciando una frase que revela qué tan pequeño puede hacerse Tabasco cuando un político pretende encerrarlo dentro de su propia definición de quién merece pertenecerle. Porque Tabasco no necesita guardianes de pureza. No necesita comisarios de identidad. No necesita políticos revisando certificados de nacimiento

Definitivamente no necesita que quienes ayer tuvieron poder y no lograron convencer con sus resultados regresen años después pretendiendo repartir certificados de patriotismo. La pregunta rumbo a 2027 no debería ser quién es “bien nacido”. La pregunta correcta es mucho más sencilla y devastadora: ¿Quién está realmente preparado para gobernar bien? Porque de “salvadores de Tabasco” ya hemos tenido demasiados. De todos los partidos, colores y épocas

SEPTIMA COPA
Curiosamente casi todos llegaron diciendo que amaban profundamente al estado. Lo difícil nunca ha sido amar a Tabasco desde un micrófono. Lo difícil ha sido demostrarlo cuando se tiene el presupuesto, la responsabilidad y el poder entre las manos. Tabasco requiere políticos que entiendan una cosa elemental: el adversario no deja de ser tabasqueño porque vote distinto. El ciudadano no se convierte en traidor porque critique. Y nadie se transforma en “mal nacido” porque no forme parte de nuestra corriente política. Eso se llama pluralidad. Y sin pluralidad no existe democracia. La paz no se construye con insultos

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