Armagedón
“No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio”
Juan 7:24
Alfredo A. Calderón Cámara
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En tiempos de redes sociales una historia puede quedar sentenciada antes de que alguien se tome la molestia de preguntar qué ocurrió. Basta un video, fotografía, una frase, un familiar desesperado y una publicación indignante, para que sin investigar contextos lleguen los compartidos, comentarios, condenas y, finalmente, la verdad tratando de alcanzar al escándalo cuando el escándalo ya lleva kilómetros de ventaja
Eso ocurrió con una publicación que comenzó a circular en redes sociales sobre una paciente del Hospital Regional de Alta Especialidad “Dr. Juan Graham Casasús”, en Villahermosa. El mensaje era brutal: “una mujer supuestamente habría esperado ocho años por una cirugía de riñón; finalmente llegó el día de la intervención, se la cancelaron de último momento y habría sido retirada “a empujones” del hospital”
Narrado de esa manera, aquello parecía una postal perfecta del abandono hospitalario que vive México y Tabasco: una mujer humilde, ocho años esperando, otra cirugía cancelada y un hospital expulsándola ¡Indignación instantánea! El problema es que el periodismo no debe trabajar solamente con indignación, debe también trabajar con el contexto. Por eso el equipo de investigación de Armagedón buscó reconstruir circunstancias, tiempos y razones médicas
Y la historia que apareció es bastante más compleja. No necesariamente más cómoda para las autoridades. Pero sí más justa para la paciente y también para quienes están frente al quirófano. El primer dato que requiere precisión es probablemente el más importante. De acuerdo con la versión recabada, la paciente, doña Romana, no llevaría ocho años programada esperando que alguien decidiera operarla
Puede tratarse de una enfermedad de larga evolución, ha padecido durante años, pero su incorporación al servicio de Urología del Juan Graham y su programación quirúrgica serían mucho más recientes. Esa diferencia importa. Porque decir que una paciente lleva ocho años enferma no es lo mismo que afirmar que un hospital la dejó durante ocho años esperando una operación programada. Son cosas completamente diferentes. Y el periodismo tiene obligación de distinguirlas
Según la información recabada, el médico responsable la valoró, determinó que requería una nefrectomía, es decir, la extirpación quirúrgica de un riñón, y personalmente procedió a programarla. Hasta ahí no aparece un médico negándose a atenderla. Aparece exactamente lo contrario. Un especialista que la recibe, la estudia y decide intervenirla ¡Entonces llegó el problema!
Cuando se aproximó el procedimiento, el equipo médico verificó las condiciones necesarias para realizarlo. Y determinó que no estaban reunidas todas. La cirugía fue suspendida. Aquí es donde cambia completamente el juicio. Porque existe una enorme diferencia entre cancelar una operación por desidia y cancelarla porque realizarla en determinadas condiciones inseguras incrementaría innecesariamente riesgo de vida para la paciente
La cirugía moderna no consiste en que un médico tome un bisturí y tenga fe. Existe anestesia, medicamentos, instrumental, disponibilidad de sangre cuando el procedimiento lo requiera, monitoreo, equipamiento, estudios actualizados, valoración preoperatoria, protocolos y una cadena completa de seguridad. Antes de avanzar con una cirugía debe verificarse: riesgos anestésicos, de hemorragia, equipos y elementos esenciales para responder ante una eventualidad. No es burocracia ornamental: son barreras diseñadas para evitar daño prevenible
Cuando un cirujano considera que una operación electiva puede esperar porque falta una condición relevante para ejecutarla con seguridad, cancelar es precisamente el acto médico responsable. Operar a cualquier costo no siempre salva vidas. A veces las pone innecesariamente en peligro. Vale plantearlo de una manera elemental. Imagine que usted debe viajar cientos de kilómetros por carretera. Sabe que el vehículo tiene una falla. Tal vez llegue. Tal vez no pase absolutamente nada
Pero también existe una probabilidad razonable de que esa falla se convierta en una tragedia ¿La valentía consiste en arrancar de todos modos? No, eso se llama imprudencia. En cirugía sucede algo semejante, con una diferencia aterradora: el vehículo es el cuerpo humano. Y el pasajero no puede bajarse cuando ya comenzó el procedimiento
Según la versión recabada por Armagedón, el médico responsable explicó a la paciente y a un familiar las razones de la suspensión, actualizó estudios y mantuvo abierta la posibilidad de realizar la intervención en cuanto estuvieran reunidas las condiciones necesarias. La cirugía, además, sería electiva y no una emergencia inmediata, según esa valoración médica. Eso también cambia el análisis. Electiva no significa innecesaria
Significa que puede programarse razonablemente porque la condición clínica permite elegir el momento quirúrgico con mayor seguridad. Si una persona estuviera enfrentando una emergencia vital inmediata, naturalmente el análisis riesgo-beneficio sería distinto. Pero si existe margen para esperar y corregir aquello que falta, utilizar ese margen puede ser médicamente lo responsable. Y aquí aparece una de las grandes tragedias silenciosas del sistema público de salud
El médico queda atrapado. Si cancela: “es negligente”, “no quiso operar”, “le negó la cirugía”. Si opera sin todos los recursos y aparece una complicación: “¿Por qué operó si sabía que no tenía todo?” “Fue irresponsable”, “cometió negligencia” o “puso en riesgo la vida”. El mismo sistema que no necesariamente proporciona todas las condiciones termina dejando al médico sólo frente a la decisión
Y las redes sociales completan el juicio. Si improvisa y todo sale bien, es un héroe. Si improvisa y todo sale mal, es un criminal. Pero la medicina no debe funcionar mediante heroísmo. Debe funcionar mediante seguridad. El buen sistema hospitalario no es aquel donde cirujanos extraordinarios consiguen milagros con carencias extraordinarias. Es aquel donde ningún médico necesita hacer milagros para realizar una operación ordinariamente segura
Ubiquemos, reconocer que la cancelación estuvo médicamente justificada no absuelve al sistema de salud. Al contrario. Porque una cosa es defender el criterio del médico y otra muy diferente normalizar que un médico tenga que cancelar porque el sistema no pudo garantizar oportunamente aquello que requería y aquí la discusión deja de ser una publicación de Facebook. En junio de 2026 se hizo pública una controversia precisamente sobre cirugías suspendidas en hospitales de Tabasco por presunta falta de materiales
El coordinador estatal del IMSS-Bienestar, Pablo Caso Torres, rechazó entonces la versión de que se hubieran cancelado 47 cirugías de ortopedia por falta de insumos. Sin embargo, en la misma explicación reconoció que puede haber suspensiones temporales cuando un material requerido no se encuentra disponible de inmediato y debe ser llevado por el proveedor. Ese antecedente resulta importante. Porque obliga a huir de los dos extremos. No puede afirmarse, sin documentación suficiente, que todas las cirugías están siendo canceladas por falta de materiales
Pero tampoco puede sostenerse seriamente que la ausencia puntual de suministros jamás altera la programación quirúrgica. La realidad parece ser bastante menos conveniente para la propaganda de unos y para el catastrofismo de otros. Hay cirugías que se realizan. Hay capacidad médica. Hay contratación de especialistas. Hay jornadas quirúrgicas. Pero también existen cuellos de botella
Y cuando el cuello de botella ocurre justo el día de la operación de una persona pobre que lleva meses preparándose, para esa persona no existe un “porcentaje de eficiencia”. Existe una cirugía que no ocurrió. En agosto, Pablo Caso informó públicamente que el abasto de medicamentos en Tabasco se mantenía alrededor del 85 por ciento. A principios de septiembre se reportó una cifra de 84.8 por ciento, con faltantes principalmente en algunas claves de antibióticos y medicamentos para padecimientos crónicos
Un 85 por ciento puede parecer aceptable dentro de una presentación administrativa. Pero los seres humanos tienen la molesta costumbre de enfermarse precisamente del medicamento que pertenece al 15 por ciento faltante. Y ahí desaparece la estadística. El paciente no consume porcentajes. Consume medicamentos. No se opera con indicadores. Se opera con material. No se anestesia con discursos. Se anestesia con fármacos, equipos, monitoreo y personal. Por eso un sistema de salud puede mostrar avances reales y simultáneamente conservar fallas graves. Los hospitales en Tabasco: están atrapados entre carencias y juicios
SEPTIMO SELLO
Con los datos recabados hasta ahora, sería injusto utilizar este caso exclusivamente para golpear al personal médico. El criterio descrito es defendible: si no existen condiciones mínimas de seguridad para una cirugía electiva de magnitud considerable, debe corregirse el problema antes de intervenir. Por eso hay ocasiones en las que decir: “hoy no voy a operar” puede representar una responsabilidad profesional mayor que decir: “vamos a intentarlo”. No queremos médicos temerarios, queremos médicos humanistas y sistemas preparados para que puedan hacer su trabajo
SEPTIMA TROMPETA
Grave es que un dirigente sindical utilice su influencia para convertir una institución pública en patrimonio familiar. Pero todavía es más grave que eso ocurra en el Hospital del Niño, donde cada plaza ocupada sin trabajo efectivo significa recursos que dejan de servir en un hospital marcado por carencias. El señalamiento contra René Ovando es delicado: su esposa ha sido mencionada públicamente como presunta “aviadora”
Ahora se agrega el caso de su hijo, Julio Alberto Ovando, quien habría sido dado de alta desde el 16 de septiembre de 2011 con una elevada categoría administrativa y que, según la denuncia recibida: lleva 15 años cobrando sin acudir regularmente a desempeñar sus funciones. Si los documentos de nómina, asistencia y adscripción en poder del columnista confirman ese señalamiento, ya no estaríamos frente a simple nepotismo. Estaríamos frente a una estructura sindical utilizada para garantizar privilegios familiares con dinero público
SEPTIMA COPA
René Ovando que debería defender plazas, salarios y condiciones laborales para todos sus agremiados a convertido el escalafón en árbol genealógico. Mientras médicos, enfermeras y trabajadores enfrentan limitaciones; mientras faltan insumos y existen necesidades hospitalarias reales, cualquier persona que cobre sin trabajar representa algo más que una irregularidad administrativa: representa una burla. Mañana revisamos con documentos


