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¡DOCTOR, DOCTOR…! ¿CUÁNTO CUESTA EL CARTÓN?

Universidades que facilitan el ingreso, suavizan el camino y pueden convertir la titulación en el verdadero peaje de salida. La educación en terapia intensiva y el negocio de los títulos más saludable que nunca.

Jorge Luis Amézquita Por Jorge Luis Amézquita
12 agosto 2026
in Opinión
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¡DOCTOR DOCTOR...! ¿CUÁNTO CUESTA EL CARTÓN?

¡DOCTOR, DOCTOR...! ¿CUÁNTO CUESTA EL CARTÓN?

¡Doctor!, esa palabra se escucha cada vez con mayor fuerza en escuelas, universidades, oficinas educativas y dependencias públicas…¡Doctor! y uno no sabe si llegó a un hospital o a una oficina de la Secretaría de Educación…La ironía es inevitable, en la educación mexicana abundan los doctores, pero la educación sigue en terapia intensiva…Cada vez es más frecuente la pregunta, ¿cuánto cuesta convertirse en doctor en cualquier rama?, la respuesta puede ser muy ligera o simple, sin embargo no lo es…México tiene actualmente una amplia oferta en educación superior, de 2023-2024 se registraron 4, 336 instituciones de esa naturaleza, 1078 públicas y 3,258 particulares, es decir, la educación privada abarca aproximadamente un 75 por ciento de la oferta total…De ese universo de escuelas privadas, existen algunas que se han ganado un prestigio por sus investigaciones, su plantilla de profesores altamente especializados, por su infraestructura, sus procesos de evaluación y por algo interesante, sus acreditaciones nacionales e internacionales…El problema radica en cómo distinguir una universidad que forma profesionales de una cuyo principal negocio es vender credenciales…Porque el hecho de contar con el famoso RVOE, no responde a ese cuestionamiento, eso sólo significa que cuenta con validez oficial, pero no va intrínseco que tenga excelencia académica…Hay organismos encargados de realizar las acreditaciones de esas instituciones, pero no es lo que el consumidor común conoce cuando observa un espectacular, siempre esa publicidad enuncia sus ofertas de licenciaturas, maestrías y doctorados y las facilidades de ingreso, bajas colegiaturas y titulación inmediata…Esos beneficios son los que “deslumbran” a los jóvenes o sus padres, quienes consideran que es una oportunidad de estudiar si no lograron el ingreso a una universidad pública…Todo eso parece normal, sin embargo la trampa de muchas de esa instituciones es otra, ofertan colegiaturas cómodas, pero al final el alumno o el tutor del mismo descubre que para obtener el documento que acredita sus estudios exige desembolsar una cantidad considerable, y es ahí donde las autoridades deben revisar el modelo…Los contratos deben ser claros, informar al cliente los costos de cada proceso, las obligaciones de ambas partes y ante qué autoridad se concilió ese documento…Este proceso adquiere mayor relevancia cuando se habla del magisterio de México, el programa “Carrera Magisterial”, abuelo de lo que ahora se conoce como USICAMM, ofrece un ejemplo histórico de cómo el grado académico pudo convertirse en un incentivo económico…Durante todos estos años, desde su nacimiento en enero de 1993, el grado académico ha tenido un peso importante dentro de ese sistema, la documentación oficial registra que puede representar hasta 15 puntos…La intensión siempre fue buena, la pretensión era profesionalizar al maestro, el problema es que cuando un grado académico puede convertirse en puntos y los puntos pueden convertirse en mejores condiciones laborales, el título adquiere un valor económico adicional al académico…Entonces muchos “lobos con piel de ovejas” aparecen en el mercado y no necesariamente en el mercado del conocimiento, en el mercado de las credenciales …Porque suavizan el acceso, ofrecen colegiaturas accesibles, horarios flexibles, pocas exigencias académicas, pero donde les hincan el diente es en la titulación, pues ya ha quedado claro que lo que vale en los programas de incentivos económicos, es el cartón…La propia Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha manifestado al respecto, ha dejado en claro que los cursos para titularse deberían quedar comprendidos dentro de la gratuidad de la educación superior pública y por ende, en las privadas, pues éstas están reguladas por la misma autoridad, es decir, la Secretaría de Educación…Quienes se aventuran a “estudiar” en ese tipo de escuelas se adentran en un embudo comercial, entras barato, permaneces cómodo, sin exigencias ni rigor académico, pero sales pagando por el cartón, claro que si ese papel se transformará en dinero al presentarlo, entonces lo importante es obtener los puntos, en el caso del sistema educativo, sin importar el receptor final, es decir, el alumno…Mientras tanto la sociedad recibe miles de documentos que dicen “licenciado”, “maestro” o “doctor”, pero el mercado laboral recibe algo mucho más importante, personas que deberían saber y ahí radica el verdadero peligro, porque un título comprado con esfuerzo económico puede ser legítimo, pero obtenido sin aprendizaje puede convertirse en una amenaza social…Un maestro puede acumular grados académicos sin mejorar sus capacidades y entonces puede seguir reproduciendo exactamente las mismas deficiencias frente a sus alumnos…Al parecer alguien descubrió que el gran negocio de la educación superior no está en enseñar, está en cobrar por llegar al título y entonces tenemos una industria sin chimeneas que lo único que producen son credenciales “académicas”…Y mientras unos hacen negocio con el diploma, la educación mexicana sigue conectada a un monitor, donde cada vez es más frecuente escuchar la alarma que indica que el “paciente” está por fallecer…En los pasillos burocráticos se sigue escuchando el epíteto de ¡doctor!, todos voltean pero nadie encuentra al médico, quizá porque en esa “sala de urgencia” los doctores sobran, los títulos abundan y la cura sigue sin aparecer…El paciente sigue siendo el mismo, la educación mexicana y ésta sigue confinada a la terapia intensiva…La autoridad de la materia tiene mucho trabajo por realizar, debería iniciar una rigurosa revisión de esas más de tres mil universidades privadas, pues todo parece indicar que muchos han encontrado en el comercio de cartones académicos un gran negocio, a grado tal que hasta políticos tienen ya sus “escuelitas” por si se les termina el hueso…Hasta la próxima.

Tags: Educacióneducación superioropiniónTabasco
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