CÁBALA
Daniel Castro Jiménez
Después que Vicente Fox en el 2000 acabó con la hegemonía priista en México, la principal lección que dejó en los seis años de gobierno albiceleste, fue no lograr gobernar al país, sin alianzas estratégicas con los grupos de poder.
Esa lección llevó 18 años después al Presidente Andrés Manuel López Obrador, realizar la más amplia alianza política con sectores ajenos a la 4T, a fin de generar condiciones de una gobernanza nacional sin sobresaltos.
A como sucedió en la mayor parte del país, en Tabasco, el efecto de esta estrategia de control diseñada por el constructor de la Transformación, mantuvo en los dos últimos sexenios, gobiernos neomorenistas de corriente 100 por ciento priísta: Arturo Núñez Jiménez bajo las siglas del PRD y Adán Augusto López Hernández con la bandera de Morena.
Sirva la introducción para entender un poco la coyuntura política que se abre en el país a partir de las elecciones intermedias de 2027, en la que no solo en el país, sino en el trópico, la alquimia guinda alude un cambio radical en esta regla no escrita de la transformación.
En el ámbito nacional desde luego, aún cuando se niega la existencia de pugnas dentro de la 4T, los grupos de presión aludidos por el líder de la cámara baja Ricardo Monreal Ávila, abre el debate para finalmente reconocer los carriles de la transformación: Sheinbaumistas, y Amloistas.
En Tabasco, podría decirse entonces que la llegada de Javier May Rodríguez al poder, es la primera “químicamente pura” del gobierno socialdemócrata impulsado por AMLO.
Del ala radical de los “duros” pues, el estilo de gobernanza es de observancia nacional, mientras en la Meca de la Transformación hay corrientes que han comenzado a construir carril, en los rieles de Omar García Harfuch; en Tabasco el “andresmanuelismo” le apuesta al “cachorro de la revolución” Andrés Manuel López Beltrán.
Versión actualizada de “neomorenistas” vs “puros”.
Eso desde luego, es lo que los grupos de poder en el sureste han comenzado a desmenuzar para definir el giro de 180 grados que estaría por gobernar el trópico a partir de las elecciones del 2030.
Y ese es el gran reto de la 4T. Sostener la unidad nacional en las próximas dos elecciones sin reeditar historias ya escritas.
Como cuando “Gran Familia Revolucionaria” en 1988, se fracturó desde adentro y con todo el poder político a favor, patrocinó traiciones ocultas.
Veremos.
Kybalión.-El “frente opositor” más temible en el trópico, se presentó previo a las elecciones del año dos mil, cuando en un bloque de notables: Héctor Arguello, Juan José Rodríguez Prats, Andrés Manuel López Obrador, José Eduardo Beltrán, Nicolás Haddad, entre otros, anunciando de facto, la creación del Frente Amplio Opositor y contra la Represión en Tabasco.
El ejercicio solo aguantó la foto y dos semanas después -con la salida de AMLO de este intento de pacto para enfrentar al candidato de Roberto Madrazo-, se desconfiguró previo al registro de candidatos al gobierno.
Finalmente la izquierda se la jugó con César Raúl Ojeda Zubieta y los demás, cada quién por su lado, buscó partido para competir pero ya con resultados adversos.
Juntar pues en 2027 a Jesús Alí, Lorena Beauregard, Evaristo Hernández, Humberto de los Santos Bertruy, Juan Manuel Fócil, Andrés Granier, se lee interesante.
El problema será ponerse de acuerdo, para pujar por uno solo.
Ni el “peje” pudo.


