CDMX · 6 de septiembre de 2026 — La presidenta Claudia Sheinbaum reiteró esta semana, en el marco de su segundo Informe de Gobierno, que no existe ninguna fractura interna entre su administración y el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y calificó de “absolutamente absurda” la división del oficialismo entre “obradoristas” y “claudistas”. El mensaje busca cerrar filas ante versiones de un quiebre en Morena de cara a las elecciones intermedias de 2027.
“Aquí no hay divisiones”: el mensaje central del segundo Informe
Durante su informe del 1 de septiembre en Palacio Nacional y en la conferencia mañanera del día siguiente, la mandataria señaló con énfasis: “Que nadie se equivoque: aquí no hay divisiones, aquí no hay rompimientos, lo único que hay es la defensa del pueblo de México y su dignidad”. Precisó que “somos el mismo proyecto que está con el pueblo de México” y sostuvo que el expresidente “está en el corazón del pueblo”, según puede consultarse en el comunicado institucional del gobierno federal.
En la mañanera, la presidenta indicó que López Obrador “ha sido sumamente respetuoso” con su gobierno, que no le ha planteado instrucciones ni desacuerdos, y que actualmente se encuentra retirado de la actividad política dedicado a la escritura de su segundo libro. Advirtió también que afirmar que el tabasqueño gobierna “detrás” de ella resulta “muy machista”, y precisó que las candidaturas del partido en el poder se definen mediante encuestas, no por decisiones personales de ninguno de los dos líderes.
El detonante: portada de revista y el caso Rocha Moya
El repunte del tema no surgió del vacío. La portada de la revista Proceso titulada “Morena, el quiebre” revivió la narrativa de una guerra intestina por las candidaturas de 2027. A ello se sumó el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, señalado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de presuntos vínculos con una facción del Cártel de Sinaloa. El mandatario estatal solicitó licencia en mayo, pretendió reincorporarse al cargo en agosto de manera unilateral —lo que provocó el deslinde público de la presidenta, del partido y de los gobernadores— y regresó a la licencia. Sheinbaum ha precisado que, hasta ahora, Washington no ha aportado pruebas suficientes para una detención o extradición.
A la presión interna se añade el entorno externo: la administración de Donald Trump ha aplicado aranceles, presiona en torno al T-MEC y revocó visas a figuras cercanas al oficialismo, incluido el hijo del expresidente. La propia Sheinbaum atribuyó los rumores de ruptura a la oposición, a los “comentócratas” y a medios interesados en debilitar al movimiento antes de 2027.
La postura de López Obrador y el trasfondo de las fricciones
Desde su retiro en Palenque, Tabasco, el fundador de Morena respaldó en junio, mediante una carta, “sin condiciones” a la presidenta, a quien describió como la mejor mandataria del México moderno, y denunció una supuesta estrategia intervencionista de funcionarios estadounidenses para dividir al partido.
No obstante, analistas identifican cambios de estilo entre ambas administraciones. Mientras López Obrador privilegió la fórmula de “abrazos, no balazos”, Sheinbaum ha impulsado una política de seguridad más frontal, con detenciones y operaciones contra organizaciones criminales, además de un perfil más técnico e institucional. En 2026, la presidenta promovió el relevo en la dirigencia de Morena con perfiles cercanos a su equipo, un ejercicio de control partidista que refuerza su liderazgo propio.
Para los comicios intermedios de 2027, la definición de candidaturas a gubernaturas y al Congreso será la prueba de fuego de esa cohesión. El oficialismo sostiene que “el pueblo” votó por un proyecto y no por personas, mientras la oposición interpreta las negaciones reiteradas como confirmación de fisuras reales. La entrevista de expresidente en sus redes históricas y los mensajes institucionales del Ejecutivo seguirán marcando el pulso de la relación.
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