Lo que se sabe de los ataques de Kuwait contra Irán arranca con una paradoja: el emirato no decidió esta guerra, pero ya la está pagando con refinerías ardiendo y sistemas de defensa aérea trabajando sin pausa desde finales de febrero de 2026.
El detonante: muerto Jamenei, abiertos los frentes
Tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel sobre instalaciones nucleares, centros de mando y bases de la Guardia Revolucionaria en territorio iraní, Teherán respondió abriendo fuego en varios puntos del Golfo. Kuwait entró en la lista junto con Bahréin y Catar, señalados por Irán como plataformas logísticas del bloque agresor.
Desde entonces, oleadas de misiles balísticos y drones explosivos han cruzado el espacio aéreo kuwaití. En más de una ocasión, las fuerzas de defensa interceptaron proyectiles en pleno vuelo; los restos cayeron sobre zonas desérticas y franjas marinas. Las autoridades confirmaron heridos entre personal de seguridad y daños colaterales, aunque insistieron en que los blancos principales son instalaciones militares y energéticas.
Lo que se sabe de los ataques de Kuwait contra Irán: el rol de las bases de EU
Aquí está el meollo del asunto. Medios especializados en defensa confirmaron que unidades HIMARS desplegadas en suelo kuwaití lanzaron misiles ATACMS contra puertos y activos navales iraníes durante la fase inicial de la operación. Esos misiles salieron físicamente desde Kuwait, lo que Teherán usó para sostener que el emirato forma parte activa del ataque.
El gobierno kuwaití rechaza la idea. El emir subrayó que el país sufre “un ataque no provocado de un país musulmán vecino” y trazó una línea entre prestar territorio a una superpotencia —algo que Kuwait ya hace desde hace décadas— y ordenar él mismo una ofensiva. Es una distinción real, aunque frágil cuando los cohetes salen del desierto propio hacia un vecino furioso.
En redes sociales circulan videos de lanzamientos nocturnos desde bases en el desierto, a menudo sin contexto, que borran esa diferencia entre país anfitrión y país beligerante. En el terreno, la distinción importa menos que los misiles que siguen cayendo.
Petróleo en la mira
Un capítulo aparte merece la guerra en el Golfo Pérsico sobre el crudo. La refinería de Mina Al-Ahmadi, columna vertebral del sistema energético kuwaití, fue alcanzada por drones iraníes en una estrategia más amplia: demostrar que cualquier conflicto con Irán tiene un costo directo sobre el suministro global de energía. Para Kuwait, cuya economía depende casi por completo del petróleo, el riesgo es doble: el militar y el del hundimiento de su fuente de ingresos.
Los ataques con misiles y drones contra infraestructura de producción y refinación no buscan solo presionar a los gobiernos árabes alineados con Washington; buscan también enviar una señal a los mercados: esto no es gratis.
Pequeño en el tablero, pieza vulnerable
Kuwait lleva décadas equilibrando su alianza con Estados Unidos y sus vínculos con el entorno árabe e iraní. En 1991 ya aprendió que su geografía lo convierte en objetivo cuando el Golfo se calienta. En 2026, la lección se repite: en el conflicto en el Golfo Pérsico, el emirato es a la vez tablero y pieza que otros mueven.
¿Hasta dónde puede sostener ese equilibrio con misiles cayendo sobre sus refinerías?
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