El conflicto en Irán hasta el momento: el día en que todo se rompió
El conflicto en Irán hasta el momento estalló a otra escala la madrugada del 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de bombardeos coordinados sobre varias ciudades iraníes, incluida Teherán. Según reportes oficiales, los ataques se dirigieron a instalaciones militares, sedes de seguridad y puntos estratégicos vinculados al programa de misiles iraní, mientras el cielo se iluminaba por explosiones y fuego antiaéreo. La operación llegó después de semanas de advertencias públicas, movimiento de portaaviones y refuerzo de defensas en la región, en un clima en el que todos sabían que algo venía, pero no cuándo ni con qué fuerza.
La Media Luna Roja iraní informó que los ataques dejaron al menos 201 personas muertas y 747 heridas en 24 provincias, con más de un centenar de víctimas civiles entre una escuela infantil y un gimnasio golpeados de lleno. Equipos de socorro trabajan contrarreloj entre edificios colapsados, hospitales saturados y sirenas que no se apagan, mientras las autoridades ordenan ampliar el estado de emergencia. El impacto humano pone rostro a una decisión concebida en despachos de poder a miles de kilómetros, pero que se siente en barrios donde la gente salió corriendo sin entender de dónde venían los misiles.
La respuesta iraní y el temor a una guerra más amplia
La reacción de Teherán llegó en cuestión de horas con oleadas de misiles y drones contra territorio israelí y contra bases estadounidenses en Oriente Próximo. Israel reportó varias tandas de proyectiles derribados por sus sistemas defensivos y decenas de heridos, mientras uno de los ataques alcanzó posiciones de Estados Unidos en el Golfo y dejó víctimas en Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. En paralelo, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) mantienen el espacio aéreo cerrado y el estado de emergencia interno ante la posibilidad de nuevas andanadas.
Irán sostiene que la ofensiva en su contra se produjo mientras seguían contactos diplomáticos sobre su programa nuclear y las sanciones, y acusa a Washington y Tel Aviv de intentar quebrar su soberanía. El gobierno iraní elevó las alertas militares, llamó a la “resistencia” y dejó claro que no descarta activar a sus aliados en Líbano, Siria o Irak, lo que podría empujar el conflicto hacia una guerra regional. El conflicto en Irán hasta el momento ya no se libra solo en mapas y comunicados; se mueve en las líneas de suministro de energía, en la seguridad de rutas marítimas y en la sensación de que una chispa más puede arrastrar a varios países a un choque directo.
Donald Trump, la Casa Blanca y el cálculo de fuerza
Desde Washington, Donald Trump habló de una “campaña militar masiva” contra lo que definió como un régimen que amenaza los intereses de seguridad de Estados Unidos. El presidente sostuvo que el objetivo central es destruir la infraestructura de misiles balísticos iraní y reducir la capacidad de respuesta de Teherán, al tiempo que mantiene el régimen de sanciones sobre el petróleo, el sistema financiero y la flota “fantasma” que sostiene las exportaciones del país. La Casa Blanca presenta la operación como el resultado de un ultimátum incumplido y como una apuesta para cambiar el equilibrio de poder en la región.
Este giro se produce mientras el diálogo nuclear intentaba sobrevivir en mesas discretas en Omán y Ginebra, donde se discutía una secuencia posible entre alivio de sanciones y verificación de compromisos iraníes. El ataque deja ese proceso al borde del colapso y obliga a las cancillerías europeas, Rusia y China a recalcular sus pasos ante una crisis que puede disparar precios de la energía y tensar aún más las alianzas. Las dudas sobre cuánto durará la ofensiva y hasta dónde está dispuesto a llegar Washington marcan ahora las conversaciones entre socios y adversarios.
Israel, Netanyahu y la coordinación total
Para Israel, estos ataques forman parte de una estrategia largamente anunciada para golpear la infraestructura militar iraní antes de que se convierta en una amenaza inasumible. El gobierno de Benjamín Netanyahu insiste en que no solo busca frenar el programa nuclear y misiles, sino también debilitar la red de milicias alineadas con Teherán en la región. Aviones, misiles y drones despegaron en coordinación estrecha con Estados Unidos, tras meses de planificación que incluyeron simulaciones, intercambio de inteligencia y preparación de la población para eventuales represalias.
Netanyahu ya había adelantado que su respaldo a cualquier nuevo entendimiento nuclear dependería de restricciones severas sobre misiles y presencia iraní en Siria, Líbano e Irak. Ahora, su apuesta es mostrar que Israel no esperará a que una amenaza se concrete para actuar, aun a costa de encender un escenario regional volátil. Mientras tanto, sirenas, refugios y defensas activadas recuerdan que cada decisión de su gabinete se traduce en noches en vela para millones de personas.
Ecos en otros actores y en la política interna
Aunque el enfrentamiento se concentra en Irán, Israel y Estados Unidos, otros actores miran de cerca para ajustar sus posiciones. Rusia ya describió la ofensiva como un “acto de agresión armado premeditado” y pide contención, mientras en otros países de la región se multiplican las declaraciones que buscan equilibrar condenas, prudencia y protección de intereses energéticos. Tanto gobiernos cercanos a Washington como fuerzas políticas de izquierda aprovechan el momento para fijar postura sobre intervencionismo, derecho internacional y los límites del uso de la fuerza.
En el terreno, sin embargo, lo que pesa son las cifras de muertos, los desplazados y la presión sobre los servicios de emergencia. La Media Luna Roja despliega equipos por casi todo Irán, entre edificios dañados, carreteras cortadas y hospitales que trabajan sin descanso. Mientras los líderes hablan de objetivos militares y “ventanas de oportunidad”, quienes cargan con el peso del conflicto son las familias que hacen fila en morgues y centros de atención, pendientes de una lista de nombres que no deja de crecer.
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