Lo que comenzó como una declaración ambiciosa del Partido Verde terminó exhibiendo el nervio político más tenso de la alianza oficialista: la disputa por Quintana Roo rumbo a 2027 ya está en marcha, aunque nadie quiera decirlo en voz alta.
Mientras el coordinador del PVEM en el Senado, Manuel Velasco Coello, presume que su partido va por tres o cuatro gubernaturas —incluida Quintana Roo— en el marco de las elecciones de 2027, en el territorio local la reacción fue de contención, evasivas y silencios incómodos.
El contraste fue inmediato y revelador. Por un lado, el Verde se declara listo para competir con “cuadros sólidos”, presume un crecimiento territorial sostenido y lanza una advertencia clara dentro de la coalición: si sus perfiles ganan en encuestas, quieren encabezar candidaturas.
Velasco fue explícito al respecto en un encuentro con medios de comunicación en el Senado: “Pedimos que nuestras candidatas y candidatos participen en la encuesta y que no vaya a pasar lo que pasó en Veracruz, donde hubo algunos municipios donde candidatos nuestros participaron y ganaron en la encuesta y luego ya no les permitieron encabezar la alianza.”
Velasco destapó perfiles verdes para otros estados —Ruth González Silva en San Luis Potosí, Yasmín Bugarín en Nayarit—, sin mencionar a Quintana Roo. Pero fue durante una entrevista para El Financiero el pasado 17 de marzo donde garantizó que en la entidad “tenemos buenos perfiles”, sin revelar nombres.
Morena baja el tono: “No dijeron Quintana Roo”
Por otro lado, cuando el tema aterriza en el estado caribeño, Morena baja el tono deliberadamente. El senador Eugenio “Gino” Segura evitó confirmar cualquier aspiración del Verde en la entidad y se limitó a repetir en conferencia: “No dijeron Quintana Roo.”
Ante la insistencia de los reporteros sobre lo que implica que el Verde quiera meter candidatos a las encuestas internas, Segura se refugió en tecnicismos: convocatorias abiertas, participación libre, procesos internos de la coalición. “No es de aceptar, cada quien… las convocatorias son abiertas, si eres miembro del Partido del Trabajo, del Partido Verde, del Partido Morena, te puedes inscribir libremente.”
Nada sobre quién manda realmente. Nada sobre quién cede espacios. Un discurso diseñado para no decir nada.
El momento más revelador llegó al final. Al ser cuestionado directamente sobre las encuestas —donde él mismo aparece como puntero— y sobre si estas están siendo pagadas, el senador simplemente se retiró. Silencio. Sin respuesta, sin aclaración, sin vuelta atrás.
Los nombres que el Verde no dice, pero todos leen
Aunque Velasco evita dar nombres en Quintana Roo, en el tablero político local todos los caminos apuntan a los mismos perfiles: Ana Patricia Peralta, alcaldesa de Benito Juárez (Cancún), con origen verde, y el propio Eugenio “Gino” Segura, hoy senador bajo la alianza Morena-PVEM-PT, ambos con puentes claros entre las dos fuerzas.
La trayectoria de Peralta es ilustrativa. Inició su carrera en el PVEM como regidora y diputada local, llegó a la Cámara de Diputados en 2018 como legisladora plurinominal del Verde y a los pocos días se integró a la bancada de Morena. Desde 2022 encabeza la presidencia municipal de Benito Juárez bajo las siglas guindas y ha reiterado en todo momento su alineamiento con la 4T. Sin embargo, su pasado verde nunca se ha borrado del todo.
Por su parte, Segura se consolidó como uno de los perfiles emergentes del bloque Verde-Morena en Quintana Roo. Tras desempeñarse como secretario de Finanzas y Planeación en el gobierno estatal, fue postulado al Senado dentro de la coalición “Sigamos Haciendo Historia” impulsada por Morena, PT y PVEM, y hoy forma parte de la representación de la 4T en la Cámara alta. Su trayectoria lo coloca como actor con puente político entre ambas estructuras en la entidad.
Es decir, el Verde no necesita inventar candidatos: los tiene —o los tuvo— dentro de Morena. Ahí está el verdadero foco de tensión.
La tensiones de la alianza a nivel nacional
A nivel nacional, la tensión entre el PVEM y Morena ha ido en escalada. PVEM y PT condicionaron su voto a la reforma electoral exigiendo candidaturas para 2027, y la firma formal de la alianza tripartita en enero de 2026 se produjo precisamente para contener esa presión. Morena, PT y PVEM sellaron un pacto que, según el PT, se extiende incluso hasta 2030.
Sin embargo, la coalición cruje. Velasco ha advertido que el Verde podría ir solo en San Luis Potosí si Morena no respeta los resultados de sus encuestas internas, y la dirigencia verde ya lanzó el mismo aviso para Quintana Roo meses antes. El propio Velasco reconoció que “es necesario que se den acercamientos y pueda haber diálogo entre las dirigencias para caminar en la ruta del 2027”.
La alianza no está garantizada estado por estado. Y Quintana Roo, con su perfil turístico, su peso electoral y sus candidatos compartidos entre colores, es uno de los puntos de mayor friccción.
La moneda en el aire
El PVEM habla de “cuadros competitivos” pero guarda silencio estratégico. No hay destapes formales, no hay nombres oficiales desde la cúpula verde para Quintana Roo, pero sí una señal inequívoca: la candidatura a la gubernatura no está definida y será una moneda de negociación.
En círculos políticos se ha comenzado a explorar la hipótesis de que, si el Verde decide pelear seriamente Quintana Roo dentro o fuera de la coalición, podría apostar por perfiles hoy identificados con Morena —como Peralta o Segura— que en su origen estuvieron ligados al Verde o construyeron su capital político en alianza con él. No se descarta que alguna figura actualmente morenista termine eventualmente cobijada de nueva cuenta por las siglas verdes si así lo exige la negociación.
Y mientras eso ocurre, el discurso público intenta sostener una narrativa de unidad que ya no convence.
En conferencia, cuando se le cuestionó directamente sobre las aspiraciones del Verde, Segura optó por refugiarse en el lenguaje institucional: convocatorias abiertas, encuestas internas, participación libre. Nada sobre quién manda realmente, ni quién cede espacios. Porque decirlo en voz alta rompería el frágil espejo de la unidad que hoy sostiene a la alianza.
Quintana Roo ya está en la mesa.
Y nadie quiere soltarla.
