KILÓMETRO CERO
POR EDGAR FERNANDO CRUZ
06 DE MARZO, 2026.
El tablero político rumbo a 2027 ha comenzado a moverse y, con él, las piezas de una partida donde el pragmatismo y la supervivencia institucional están por encima de las ideologías.
Con 17 gubernaturas en juego, Morena se pavonea con una confianza envidiable asegurando que ganará 14 de ellas. Sin embargo, hay una letra chiquita que no podemos ignorar: ese triunfo es matemáticamente imposible sin sus escuderos del PT y el Partido Verde.
Hoy, el oficialismo da por perdidos bastiones como Querétaro y Aguascalientes, mientras que Sinaloa y Michoacán penden de un hilo debido a crisis de seguridad que han dejado a sus gobernadores morenistas contra las cuerdas. Pero el verdadero drama no está en las urnas, sino en la Reforma Electoral.
La Presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara y tajante: la Reforma Electoral es un compromiso de campaña y un examen de fidelidad. Para Morena, quien no acompañe la reforma incurre en traición. Pero para el Verde y el PT, esta reforma toca su “fibra” más sensible: las plurinominales y el presupuesto.
Si la reforma no camina por la resistencia de los aliados a perder sus privilegios, la alianza para las gubernaturas de 2027 podría saltar por los aires. Es aquí donde Quintana Roo se convierte en el epicentro del sismo.

El Dilema de la Joya Turística
Sin una alianza sólida, el estado se fracturaría en una guerra civil de la autollamada Cuarta Transformación. Por un lado, Eugenio “Gino” Segura, el delfín de la gobernadora Mara Lezama y ficha clave de Adán Augusto López, representaría la fuerza del Verde. Por el otro, Rafael Marín, un histórico del movimiento, buscaría la bandera de Morena.
¿Qué estarían disputando? Un estado que es, paradójicamente, la joya de la corona turística y, al mismo tiempo, una auténtica rifa del tigre. Quintana Roo no solo es el brillo de los cristales del Caribe; es también una entidad golpeada por el narcomenudeo y la dolorosa mancha del turismo sexual infantil. Quien gane la silla, se queda con el paraíso, pero también con el infierno que subyace en sus sombras.
Si la reforma cae en la Cámara de Diputados, el golpe será demoledor para la unidad del bloque oficialista.
Paso de Gato
Hablando de contrastes, el derroche se hizo presente nuevamente en el stand de Quintana Roo en la ANATO de Colombia. Mientras el secretario de Turismo, Bernardo Cueto, se desvive por atraer al mercado sudamericano —especialmente al brasileño—, las cifras de ocupación por noche en el estado han caído un 3%.
Surge la pregunta incómoda: ¿Cuándo se invitará realmente al turista nacional a disfrutar de este paraíso? Seguimos apostando por el “turismo de claustro”, ese de hoteles all-inclusive con piscinas y barra libre que no genera derrama económica real en las comunidades. El paraíso es de todos, pero parece que solo unos cuantos tienen la llave de la puerta.

