Democracia virtual
Eugenio Hernández Sasso
Mientras más se acerca el proceso electoral de 2027, más sube la temperatura de una guerra política donde ya no se sabe quién dispara, quién se esconde y quién solamente está buscando dónde acomodarse cuando termine la batalla.
Por un lado están quienes ya probaron las mieles del poder y, por el otro, quienes las perdieron en 2018. También hay grupos internos convertidos en tribus que intentan destronar, aunque sea en el discurso, a quienes los sucedieron.
El detalle es que muchos han cambiado de siglas, de colores y discursos, pero las mañas parecen venir implícitas en el mismo paquete. La clase política es la misma.
Con esto el pueblo termina más confundido que un elector frente a una boleta para elegir a juzgadores del poder judicial.
Es evidente que Morena tiene posibilidades de mantenerse en el gobierno uno o dos periodos más. Su base social sigue siendo considerable y todavía existe una generación que recuerda perfectamente lo que representaron los gobiernos anteriores, sin embargo, también sería ingenuo negar que existe un desgaste cada vez más evidente.
Las alianzas que Andrés Manuel López Obrador construyó durante más de tres décadas para llegar a Palacio Nacional empiezan a cobrar facturas. Lo malo es algunas llegan con intereses.
Lo paradójico es que quizá el expresidente nunca imaginó que parte de esas cuentas terminarían colocándose a nombre de sus hijos.
Por eso hoy, mientras algunos aseguran que Estados Unidos tiene la mira puesta sobre López Obrador, sus adversarios parecen haber encontrado la ruta alterna de pegarle por el chico y han colocado a Andy López Beltrán en el centro de la discusión, pero Ramón, Bobby y hasta Chuy —que ya es mayor de edad— tampoco han escapado del escrutinio.
También hay otro capítulo de la historia, el que protagoniza la carta de Andy a Donald Trump, presentada como defensa de la soberanía mexicana.
¿Desde cuándo cancelar una visa estadounidense constituye una invasión militar? Una visa no es un derecho adquirido ni una escritura pública, es un permiso que concede el gobierno de Estados Unidos para entrar a su territorio.
Se puede cuestionar políticamente la decisión, pero convertirla automáticamente en un acto de injerencia parece más una pirueta discursiva que un argumento jurídico.
Claro que el tema podría servir para sacar a López Obrador de su retiro en La Chingada, toda vez que la defensa de la soberanía siempre ha sido un combustible eficaz para movilizar a sus seguidores.
Es decir, bastaría con encender el discurso, invocar al “pueblo sabio” y presentar el asunto como una batalla entre patriotas y enemigos fantásticos que han profanado con la cancelación de visas nuestro territorio, para que, armados con fusiles, salgan a la guerra sin temor.
Mientras tanto, en Tabasco la disputa tampoco tiene desperdicio. Desde hace dos años, Adán Augusto López Hernández mantiene una evidente confrontación política con Javier May, en un escenario marcado por el desmantelamiento de estructuras criminales atribuidas presuntamente a La Barredora.
Ahora, como si fuera parte de una estrategia bien estructurada, apareció también Hernán Bermúdez Requena reclamando, a través de una carta (parece que están de moda), respeto al debido proceso y cuestionando el juicio anticipado de la opinión pública.
Así llegamos al verdadero problema en donde todos dicen combatir a “Masiosare”, ese extraño enemigo de nuestro de nuestra nación, pero nadie termina de explicar quién es.
La ciudadanía informada observa, compara y cuestiona. Otros, en cambio, esperan instrucciones, apoyos y consignas. Unos quieren entender la procedencia de la guerra, en tanto otros ya están buscando el fusil.
Sassón
“Masiosare” casi siempre termina siendo el enemigo que conviene inventar cuando ya no queda claro quién tiene la razón.
