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La cicatriz de Morena y el reparto del pastel

Eugenio Hernández Sasso Por Eugenio Hernández Sasso
7 octubre 2026
in Opinión
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La cicatriz de Morena y el reparto del pastel

Eugenio Hernández Sasso

Democracia virtual

Eugenio Hernández Sasso

 

Una vez definidos los coordinadores estatales para la defensa de la llamada Cuarta Transformación en las 17 entidades donde habrá elección de gobernador en 2027, en Morena comienza la operación cicatriz, etapa que nadie presume, pero todos conocen.

Una cosa es ganar una encuesta y otra, bastante diferente, lograr que los perdedores sonrían para la fotografía, levanten la mano del ganador y prometan que “todos están unidos”.

Ya se sabe que la unidad suele durar exactamente lo que tarda en llegar el reparto de posiciones, toda vez que, como decía repetidamente Andrés Manuel López Obrador al inicio “del movimiento”, los políticos son amigos de mentiras y enemigos de verdad.

La pregunta es muy sencilla, ¿alcanzarán los cargos para negociar con todos los grupos que quedaron fuera del juego?Eso está por verse porque las heridas sangran y sangran bastante.

En Chihuahua, por ejemplo, se percibe que hubo negociación con Andrea Chávez, a quien se le otorgó la coordinación municipal por Ciudad Juárez.

Alrededor de ese movimiento aparece también el nombre del senador Adán Augusto López Hernández, debido a su cercana relación con la legisladora, identificada como parte de un grupo de poder dentro de Morena.

Si así se acomodaron las piezas, habrá que ver qué ocurre con las alcaldías y diputaciones locales y, seguramente, las federales tampoco escaparán al estira y afloja, porque para Morena ganar elecciones es importante, pero repartir candidaturas, actualmente, es casi un deporte extremo.

El problema es que, conforme pasan los años, a Morena se le complica más seleccionar candidatos, no precisamente porque le falten cuadros, sino porque le sobran.

Por cierto, muchos no son de origen morenista, sino migrantes de otros partidos que llegaron con maletas llenas de experiencia, mañas y, por supuesto, con la firme convicción de que merecen una candidatura para permanecer en el poder con una chaqueta de color diferente.

No sería correcto descalificar el método de las encuestas, mucho menos afirmar que las famosas mediciones se “cucharean” según los intereses de la dirigencia nacional o de Palacio Nacional. Eso sería una acusación muy seria y desproporcionada.

Lo que sí parece evidente es que, después de la encuestatiene que haber negociación, y si no hay negociación, hay ruptura; y cuando hay ruptura, la derrota empieza a tocar la puerta con insistencia.

A esto hay que agregar a los aliados del PT y PVEM, puesto que en varias entidades tienen personajes con arraigo, estructura y preferencias electorales, así que Morena tampoco puede darse el lujo de mandar a sus socios a la banca, porque hoy, más que nunca, necesita de ellos para ganar.

Sacudirse a los llamados partidos rémora podría resultar bastante caro, toda vez que la presidenta Claudia Sheinbaumnecesita conservar una mayoría legislativa y conquistar el mayor número posible de gubernaturas.

Si en 2027 hay retrocesos importantes ¿será que el antecesor tenía más oficio para operar y mantener alineada a su maquinaria política?

La del próximo año no será una elección cualquiera, será el examen parcial de Morena rumbo a 2030 en donde el desgaste normal del gobierno puede ser un factor muy importante.

Los triunfos dirán que el partido creció, los resultados mediocres advertirán que se estancó, y las derrotas podrían encender los focos amarillos.

La apuesta del partido vino tinto es, sin lugar a dudas, los 42 millones de beneficiarios de programas sociales, el discurso de las transformaciones anteriores y la defensa de la soberanía nacional dictado desde La Chingada, en Palenque.

Asimismo, desde los gobiernos municipales morenistas se repite el viejo librito de que los gobiernos anteriores no aumentaban el salario mínimo, se robaban el presupuesto y no hacían nada.

El detalle es que el ciudadano también tiene memoria, corta, pero tiene, y no siempre coincide con el discurso oficial.

Por ejemplo, mientras se habla de billones de pesos y grandes transformaciones, en los hospitales continúan faltando medicamentos, la inflación aprieta el bolsillo y la inseguridad no desaparece porque una estadística diga que bajó. Detrás de cada número hay una familia que perdió a alguien.

Así que Morena tendrá que demostrar que sabe repartir algo más que candidaturas y tendrá que obtener resultados en los comicios venideros.

Sassón

Para 2030 no bastará con decir que los de antes eran peores, porque, para entonces, la ciudadanía ya se habrá dado cuenta que son los mismos y preguntará ¿y ustedes qué hicieron con todo el poder que les dimos?

Tags: Morenaopinión

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