Un acuerdo de última hora entre Ricardo Monreal y las coordinaciones del PRI y el PAN evitó que la entrega del segundo Informe en la Cámara de Diputados se convirtiera en un espectáculo de megáfonos y un ataúd blanco. El 1 de septiembre de 2026, en la sesión de Congreso General en San Lázaro, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, entregó el documento de forma protocolaria y exprés.
Lo que horas antes se anunciaba como un boicot ruidoso quedó guardado en las oficinas de la Cámara. La amenaza no era retórica.
El diputado priista Humberto Ambriz Delgadillo, aspirante a la gubernatura de Aguascalientes, ingresó unas 40 cajas con megáfonos. La bancada del PRI había preparado también mantas y un ataúd blanco, el mismo tipo de performance que el partido ya usó en otras sesiones para denunciar, según su narrativa, la muerte de instituciones o de la libertad de expresión.
¿Cómo se negoció el Informe en la Cámara de Diputados?
Antes de que arrancara la sesión, el coordinador de Morena en Diputados, Ricardo Monreal, habló con los coordinadores de los grupos: Rubén Moreira, del PRI en Diputados; Alejandro Moreno, del PRI en el Senado; representantes del PAN y de Movimiento Ciudadano, además de aliados del PT y el Verde.
Pidió una asamblea respetuosa, racional y de nivel. Solicitó a su propia bancada no chiflar, no gritar ni insultar a quien subiera a tribuna, para poder exigir lo mismo cuando hablara la senadora Martha Lucía Mícher por Morena.
Monreal reconoció que la ayudantía de seguridad le había reportado el ingreso de megáfonos y algunas cosas más. Confió en que no se usaran sin motivo.
El pacto funcionó en lo físico: los altavoces no se encendieron en el pleno, el ataúd no recorrió los pasillos y las mantas no se desplegaron como acto central. Algunas versiones indican que el personal de resguardo cerró accesos y evitó que los dispositivos llegaran al recinto en el momento de la entrega.
¿Cómo fue la entrega protocolaria?
Rodríguez recorrió el salón, subió a tribuna, entregó ejemplares impresos y estuches con códigos QR —500 para diputados y 128 para senadores— y salió sin mensaje político, entre aplausos de la mayoría. La entrega duró unos diez minutos.
El presidente de la Mesa Directiva, el verde Raúl Bolaños-Cacho Cué, declaró cumplida la obligación constitucional del artículo 69. La sesión continuó con los posicionamientos de los grupos.
La secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, no pronunció un discurso político. Limitó su participación al trámite de entrega del segundo informe de la presidenta Claudia Sheinbaum.
¿Qué pasó cuando la protesta se mudó a la tribuna?
Desactivada la escenografía, la oposición no guardó silencio. Convirtió el trámite en un juicio político contra el gobierno y contra Morena.
Alejandro Moreno, Ricardo Anaya y Luis Donaldo Colosio Riojas llevaron a tribuna la violencia en Sinaloa y Michoacán, las acusaciones estadounidenses contra el gobernador con licencia Rubén Rocha Moya y el senador Enrique Inzunza, las cifras de homicidios frente a desapariciones, el huachicol fiscal y lo que describieron como pactos con el crimen.
Anaya acusó que con Morena a los muertos no solo se les entierra, se les archiva. Moreno afirmó que nadie los dobla ni los asusta.
Morena, el PT y el PVEM cerraron filas. Mícher respondió que ningún cártel nació con la 4T y que los grandes grupos delictivos se consolidaron en gobiernos del PRI y el PAN.
El oficialismo defendió la baja de homicidios dolosos reportada por Sheinbaum —51 por ciento desde octubre de 2024, según el discurso presidencial en Palacio Nacional—, los programas sociales y la unidad del movimiento. En su mensaje matutino, la presidenta insistió en que no hay divisiones ni rompimientos.
El pacto no apagó el conflicto; lo canalizó. Evitó imágenes de un Congreso en desorden el día en que el Ejecutivo rinde cuentas formales. Permitió que el Informe en la Cámara de Diputados se cumpliera como acto institucional y que el debate se diera en tribuna.
El episodio ilustra el estilo de Monreal: diálogo previo, llamados al respeto recíproco y contención de la confrontación física, aun cuando el contenido de los discursos sea de ruptura.
También muestra el cálculo de PRI y PAN: amenazar con el espectáculo para obtener atención y aceptar, al menos esa tarde, el marco institucional a cambio de tiempo en tribuna rumbo a 2027.
Los 40 megáfonos y el ataúd blanco quedaron como anécdota de lo que no ocurrió. Lo que sí ocurrió fue una sesión tensa, breve en lo protocolario y larga en el inventario de agravios.
La presidenta Claudia Sheinbaum no acudió a San Lázaro. El documento ya está en el Congreso. La glosa y el periodo ordinario apenas comienzan.
Mantente actualizado con las noticias más relevantes en En Cambio Diario.


