En la conferencia del 1 de abril, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo expresó de forma clara su valoración al trabajo desempeñado por Rafael Marín Mollinedo, y precisó que su salida de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM) formaba parte de un acuerdo previo y no respondía a un “mal papel” en la instancia, sino todo lo contrario.
Sheinbaum explicó que Marín la había avisado desde el inicio de su encargo que solo la ayudaría “un año”, y que su retiro efectivo se produjo prácticamente en ese plazo “de hecho lleva un poquito más”, expresó la jefa del Ejecutivo. La presidenta subrayó que Aduanas aumentó su recaudación de manera “impresionante” durante el periodo a cargo de Rafael Marín, lo que calificó como un indicador de gestión sólida y ordenada, lejos de las versiones que pretendían vincular su salida con debilidades técnicas o políticas.
La defensa de Sheinbaum fue tajante: descartó que la salida de Marín respondiera a motivos electorales o a un desempeño deficiente, y en cambio lo retrató como un “funcionario extraordinario” al frente de la ANAM. Esta lectura presidencial blindó mediáticamente a Marín ante opositores intentaban montar una narrativa de escándalo.
La mandataria recordó que Rafael Marín “vive en Quintana Roo, pero nos va a ayudar en Yucatán”, al anticipar que su nueva función será como delegado de la Secretaría de Gobernación. Para muchos analistas, este movimiento refuerza la idea de que Sheinbaum valora a Marín como un operador de confianza, con capacidad para coordinar estructuras federales y locales en una entidad clave del sureste mexicano.
Con esta intervención, la mañanera transformó el debate: en lugar de hablar de presuntas “fallas” en la ANAM, la agenda se centró en el aumento de la recaudación y en la continuidad de un funcionario con dos turnos al frente de la agencia aduanera, lo que refuerza su perfil como cuadro técnico y político confiable dentro de la 4T.
Durante su gestión al frente de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), Rafael Marín Mollinedo consolidó una etapa de recaudación histórica y endurecimiento del combate al contrabando, lo que reforzó las finanzas públicas y la credibilidad de la institución. En 2025, las aduanas mexicanas captaron alrededor de 1.4 billones de pesos, una cifra que superó los montos prepandemia y se convirtió en el mayor ingreso anual registrado por la ANAM, con crecimientos reales de alrededor del 15‑18% respecto de 2024 según distintos cálculos de la propia agencia y medios económicos.
Entre los componentes clave de ese incremento se destacan el IVA (cerca de 987 mil millones de pesos) y el IEPS (unos 247.6 mil millones de pesos), lo que refleja una mayor fiscalización en recintos aduaneros, comercio electrónico y empresas de mensajería, así como una estrategia más firme contra la evasión tributaria. Además, en su más reciente periodo (febrero de 2025 a marzo de 2026), Marín Mollinedo señaló que la ANAM logró recuperar alrededor de 200 mil millones de pesos mediante operativos contra el “huachicol fiscal” y otras formas de contrabando, al tiempo que se integraron miles de carpetas de investigación por irregularidades en importaciones y en el comercio de hidrocarburos.
Más allá de las cifras, su gestión se marcó por la modernización tecnológica de los procesos aduaneros, el fortalecimiento de la cooperación internacional con países como Estados Unidos, Italia y organismos de América Latina y Europa, y el reconocimiento de grupos empresariales y de organismos legislativos por la transparencia y la eficiencia de la ANAM. En conjunto, estos resultados posicionan a Marín Mollinedo como un operador con huella fiscal clara: una recaudación récord, un combate estructural al contrabando y una agencia que pasó de ser criticada a ser un pilar central en el recaudar de la 4T.
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