La presidenta Claudia Sheinbaum respondió este jueves a las nuevas críticas del secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien calificó de insuficientes las acciones de México contra el narcotráfico. Sostuvo que esos señalamientos forman parte de la campaña política de Estados Unidos rumbo a las elecciones de noviembre y pidió que no se use a México en ese proceso.
En su conferencia matutina en Palacio Nacional consideró que se trata de un asunto electoral. Recordó que en ese país hay comicios en noviembre y reiteró que no deben involucrar a México. Agregó que Estados Unidos tiene sus propios problemas, que de nuevo pretenden usar a México y que eso no está bien. Cerró con un llamado a coordinar y a que cada quien haga sus campañas en su territorio.
¿Qué dijo Marco Rubio sobre México y los cárteles?
El miércoles 9 de septiembre, durante una gira por Ecuador, Colombia y Perú, Rubio habló en Quito. Reconoció que el gobierno mexicano ha hecho más de lo que jamás se había hecho para perseguir a estos grupos, pero insistió en que no es, ni de lejos, suficiente.
Afirmó que la cabeza de la serpiente son los cárteles en México y que existen vastos territorios que no están gobernados por el Estado, sino bajo control de organizaciones que calificó como narcoterroristas. Dijo que el caso de México es un desafío mayor por el tamaño del país y el poder de los cárteles.
Señaló que estos grupos amenazan al Estado mexicano, con asesinatos de candidatos, jueces y periodistas, y que operan justo en la frontera. El ideal, subrayó, es actuar en asociación con México. Añadió que, eventualmente, esa amenaza tendrá que ser enfrentada de una forma u otra.
¿Cómo respondió Sheinbaum a la campaña política de Estados Unidos?
La presidenta acusó que la administración de Donald Trump un día reconoce avances y otro afirma que no se hace lo suficiente. Para ilustrar que Estados Unidos también enfrenta problemas internos, exhibió una nota periodística según la cual la DEA permitió el tráfico y la venta de miles de dosis de fentanilo en Nuevo México.
El mensaje fue doble: hay que coordinar, pero cada país atiende su territorio y no se debe instrumentalizar a México en la contienda electoral estadounidense. El gobierno mexicano ha insistido de manera reiterada en la responsabilidad compartida: decomisos e incautaciones en territorio nacional, reducción del flujo de fentanilo reconocida en algunos momentos por autoridades estadounidenses, y el argumento de que el consumo, la distribución y el lavado de dinero del lado estadounidense son parte del mismo problema.
Sheinbaum ha rechazado operaciones militares de Estados Unidos en suelo mexicano y ha defendido la cooperación en inteligencia, cada uno en su jurisdicción. El secretario de Estado planteó el tema desde Quito y la mandataria contestó desde Palacio Nacional.
¿Por qué este pulso no es nuevo en la relación bilateral?
Las declaraciones de Rubio se inscriben en una relación tensa y oscilante. Washington ha elogiado en otras ocasiones un nivel de cooperación sin precedentes, con traslados de presuntos capos, intercambio de información y grupos de trabajo. Al mismo tiempo ha incrementado la presión: designación de cárteles como organizaciones terroristas extranjeras, señalamientos de narcopolítica e imputaciones que alcanzan a figuras del oficialismo, entre ellas el gobernador de Sinaloa, y la idea, planteada en distintos momentos por Trump, de una intervención militar.
México ha respondido con la narrativa de soberanía e injerencia y ha cuestionado que se use el tema antinarcóticos con fines políticos, tanto en Estados Unidos como, según ha insinuado Sheinbaum en otros momentos, de cara a procesos electorales en México. El Departamento de Estado y el gobierno mexicano mantienen canales de trabajo, pero el discurso público oscila entre el reconocimiento y la exigencia.
En Palacio Nacional, la presidenta no negó el problema de los cárteles ni el reclamo de resultados. Lo que rechazó fue el marco: que se presente a México como el origen exclusivo de la amenaza y que ese diagnóstico se mezcle con la campaña política de Estados Unidos. Rubio, desde Quito, dejó abierta la fórmula de una forma u otra. Sheinbaum contestó que la coordinación es bienvenida y que las campañas de cada país deben quedarse en su territorio.
El desencuentro, a dos meses de las urnas en Estados Unidos, vuelve a poner en el centro la frontera, las drogas y los límites de la cooperación bilateral. El gobierno mexicano insiste en resultados en decomisos y en la idea de responsabilidad compartida. Washington insiste en que el esfuerzo aún no basta y que los cárteles operan con un poder que, según Rubio, rebasa zonas del Estado. Ambos lados hablan de asociación, pero no coinciden en el diagnóstico ni en el calendario político que rodea las declaraciones.
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