Cómo afectaría un eventual cierre del estrecho de Ormuz a México
El mapa se encoge sobre el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz aparece una rendija de mar donde se atora buena parte de la energía del planeta. Por esa franja de unos 39 kilómetros de ancho en su punto más angosto pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y alrededor de una cuarta parte del gas natural licuado que alimentan las economías en Asia, Europa y América.
En un escenario de tensión militar o bloqueo, los barcos se detienen, el crudo deja de salir y los mercados reaccionan en cuestión de minutos. Las proyecciones más agresivas colocan al Brent por encima de los 150 dólares por barril en un cierre prolongado, después de episodios recientes donde bastaron amenazas parciales para empujar el precio por arriba de los 100–120 dólares.
Un cuello de botella que aprieta a México desde lejos
México no compra grandes volúmenes de crudo que crucen Ormuz, pero vive con los precios que se forman cuando ese paso se cierra o se militariza. El país importa una parte considerable de gasolinas, diésel y turbosina en un mercado donde cada sobresalto en esa zona se traduce en facturas más pesadas para las finanzas públicas y para las familias.
En estas condiciones, Petróleos Mexicanos depende (PEMEX) del equilibrio entre lo que gana con un barril más caro y lo que pierde al pagar más por importar combustibles terminados. Si el gobierno sostiene estímulos al IEPS para contener el golpe al bolsillo, el costo se mueve a la caja de Hacienda; si los reduce, el golpe llega directo a las bombas de las estaciones de servicio. En cualquiera de los dos caminos, un cierre del estrecho de Ormuz se siente en México aunque el barco que cruza por ahí jamás toque un puerto nacional.
Además, un conflicto abierto en esa zona atrapa a la Casa Blanca y vuelve a poner al presidente Donald Trump en el centro de las decisiones sobre sanciones, despliegue militar y uso de reservas estratégicas de crudo en Estados Unidos, el principal socio energético de México.
El eslabón más frágil: el gas natural y la electricidad
La economía mexicana carga otra vulnerabilidad: más del 70% del gas natural que se consume en el país llega desde Estados Unidos por gasoducto, y ese insumo genera alrededor del 60% de la electricidad nacional. Aunque ese gas no cruza Ormuz, el precio se contamina con cada salto del petróleo y del GNL en Asia y Europa.
Cuando el gas sube, se encarece la generación eléctrica y se vuelven más caros los insumos de industrias como la acerera, la del cemento, la química y la automotriz. Un cierre de Ormuz caería sobre ese sistema como una ola de inflación importada: aumentan los costos de transporte, alimentos y servicios básicos, y el Banco de México enfrenta más presión para sostener la estabilidad de precios.
Política energética mexicana frente al riesgo de Ormuz
Las tensiones recientes en Medio Oriente ya empujaron a la presidencia de México a insistir en la idea de soberanía energética, refinación interna y reservas estratégicas de combustibles. El mensaje oficial ha sido claro: la producción y refinerías nacionales, incluida la capacidad asociada a Deer Park en Texas, se presentan como escudo frente a choques de precios originados en rutas como el Estrecho de Ormuz.
Sin embargo, especialistas del sector recuerdan que la producción interna todavía no cubre toda la demanda y que la dependencia de importaciones de petrolíferos y gas sigue alta. Mientras no se cierre esa brecha, un eventual cierre del estrecho de Ormuz a México le recordaría, de golpe, cuánto cuestan sus pendientes en almacenamiento, diversificación de fuentes y eficiencia en el consumo.
En este escenario, un paso de mar a miles de kilómetros puede trastocar el recibo de luz, el precio del transporte y el plan de inversiones de empresas mexicanas en cuestión de semanas.
Mantente actualizado con las noticias más relevantes con En cambio Diario.
