Armagedón
“Y el derecho se retiró, y la justicia se puso lejos; porque la verdad tropezó en la plaza, y la equidad no pudo entrar”
Isaías 59:14
Alfredo A. Calderón Cámara
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Hay imágenes que indignan. Hay cifras que asustan. Y hay hallazgos que, aun antes de ser plenamente esclarecidos por la ciencia forense, deberían obligar al país entero a detenerse y preguntar qué demonios está pasando. Mil seiscientas piezas dentales que un colectivo de madres buscadoras asegura haber recuperado en Zacapu, Michoacán. Piezas dentales que no aparecieron ayer
México no necesita convertir Zacapu en otra leyenda negra alimentada por rumores. Necesita algo muchísimo más incómodo: averiguar la verdad. Que intervengan especialistas independientes si es necesario. Que se establezca la naturaleza de cada pieza. Que se determine cuáles son humanas. Cuáles corresponden a dentición temporal. Cuántos perfiles individuales pueden distinguirse. Que se revisen los trabajos realizados desde 2021
Que se reconstruyan las cadenas de custodia, que la Fiscalía de Michoacán explique documentalmente por qué sostiene que no existen antecedentes y la FGR aclare directamente su propia intervención o inexistencia de ella. Que se contraste todo, sin discursos ni maquillajes, sin propaganda, sin convertir la tragedia en munición partidista. Porque si esas piezas corresponden a infantes o seres humanos, alguien tiene que devolverles un nombre
Dimensionemos: si en realidad corresponden a niños, el país tiene una obligación todavía más terrible: averiguar quiénes eran y qué les hicieron. Las madres ya hicieron demasiado, ya han caminado, preguntado, excavado, recibido amenazas, aprendido a buscar entre piedras, cenizas y tierra. No puede pedírseles además que carguen sobre sus hombros con la obligación completa de demostrar aquello que corresponde investigar científicamente al Estado
No fueron encontradas en una sola jornada. No existe, hasta este momento, un dictamen forense público que determine que las 1,600 piezas sean efectivamente dientes humanos infantiles, ni cuántas personas representarían. Eso hay que decirlo. Porque la tragedia de los desaparecidos no necesita exageraciones. Necesita verdad, ciencia y justicia. En pocas palabras: necesita Estado
El colectivo Buscando Cuerpos en Todo México, encabezado por Margarita López, sostiene que desde 2021 ha recuperado en una zona de Zacapu alrededor de 1,600 piezas que identifica como dientes de leche, además de otros restos óseos. -Según el testimonio de Margarita López-, una de las primeras piezas encontradas habría sido identificada por personal pericial como un diente infantil
A partir de entonces, las buscadoras comenzaron a utilizar cribas más pequeñas para recuperar fragmentos diminutos. Ahí comenzó una parte todavía más inquietante de la historia. La FGE de Michoacán asegura que no tiene registro oficial de ese hallazgo y señaló que, después de consultar con la FGR, tampoco encontró antecedentes relacionados con las piezas en los términos difundidos públicamente
Hasta ahora tampoco existe un dictamen público que establezca el número exacto, procedencia, edad de las posibles víctimas o identidad. Y las madres buscadoras dicen exactamente lo contrario. Margarita López sostiene que hubo presencia institucional durante las búsquedas, que existen actuaciones, registros, videos y cadenas de custodia, y que intervinieron instancias relacionadas con la búsqueda y autoridades federales
Entonces hay un problema monumental. Porque solamente existen dos posibilidades generales, y ambas son graves: o un colectivo lleva años atribuyendo a un mismo lugar el descubrimiento de una cantidad extraordinaria de piezas dentales sin que exista el respaldo institucional que públicamente se ha supuesto o instituciones del Estado mexicano estuvieron relacionadas de alguna manera con búsquedas y hallazgos cuya trazabilidad administrativa hoy resulta incapaz de esclarecerse públicamente
Ninguno de los dos escenarios debe despacharse con un comunicado. Aquí hacen falta expedientes, fechas, coordenadas, cadenas de custodia, dictámenes, registros fotográficos, intervenciones ministeriales, peritajes antropológicos y odontológicos, pruebas genéticas cuando sean técnicamente posibles. Y una explicación puntual de qué ocurrió en Zacapu desde 2021. Porque ante posibles restos humanos la respuesta de un Estado serio no puede consistir simplemente en decir: “No tenemos registro”, precisamente ése es el problema
El resto nos toca como sociedad: no necesariamente marchar, ni convertir el dolor en propaganda ¿Opciones? Simplemente México tiene que negarse a olvidar. Porque el peligro más grande para un país no comienza cuando aparecen fosas. Comienza cuando aparecen y ya nadie se sorprende. Pareciera que México ha perdido la capacidad de estremecerse ante unos pequeños dientes encontrados en las fosas clandestinas; ello hace meditar que no solamente hemos perdido a nuestros desaparecidos. He extraviado también una parte de nuestra humanidad
Entendamos esto: hay algo profundamente roto en un país cuando una madre tiene que aprender a distinguir tierra removida, cuando tiene que saber utilizar una varilla, aprender a reconocer fragmentos óseos, a conocer la diferencia entre una prenda abandonada y un indicio, a utilizar una criba; terrible es comenzar a entender de fosas, coordenadas, antropología forense y cadenas de custodia. No, porque haya elegido esa profesión. Sino porque un día desapareció su hijo
Demasiado doloroso es entender que estas mujeres no tendrían que ser especialistas en buscar muertos. No tendrían que entrar a cerros, ni tendrían que recorrer basureros, tampoco tendrían que meterse en terrenos controlados por delincuentes y menos que aprender a reconocer restos humanos. Ellas tendrían que estar esperando que el Estado les entregue respuestas. Pero en México ocurre exactamente lo contrario
Muchas familias terminaron desarrollando capacidades de búsqueda porque esperar sentadas significaba resignarse. Y eso representa una derrota institucional mucho más profunda que cualquier estadística. La legislación mexicana y el Protocolo Homologado establecen obligaciones específicas para las autoridades en materia de búsqueda, localización e identificación de personas desaparecidas. La actualización aprobada después de las reformas de 2025 reforzó incluso la obligación ministerial de iniciar de inmediato una carpeta ante cualquier reporte, denuncia o noticia de desaparición. Es decir: buscar no es caridad gubernamental. Es una obligación que el Estado no cumple, sólo queda al país seguir meditando en el limbo: los dientes de Zacapu: verdad o silencio de Estado
SEPTIMO SELLO
Hay algo posiblemente peor que encontrar fosas clandestinas ¡Normalizarlas! Hace años una fosa era noticia nacional, después fueron diez, veinte. Después ranchos, crematorios clandestinos, después bolsas y fragmentos. La sociedad mexicana ha recibido tantas dosis de violencia que corre el riesgo de desarrollar una especie de anestesia moral. Leemos: “restos humanos” y seguimos bajando la pantalla. Luego: “fosa clandestina” y “personas desaparecidas”
SEPTIMA TROMPETA
Y quizá ésa sea una de las victorias más perversas de la violencia: conseguir que el horror deje de sorprendernos. Por eso el caso de Zacapu importa incluso antes de conocer el resultado final de los peritajes. Porque obliga a mirar nuevamente hacia abajo, hacia la tierra, a esas madres arrodilladas con una criba llena de fragmentos. Hacia objetos diminutos que podrían pertenecer a alguien que un día tuvo nombre, familia, juguetes, escuela, cumpleaños y una cama donde alguien todavía espera que vuelva. De ese tamaño es el conflicto social
SEPTIMA COPA
Si finalmente los análisis determinan que algunas de esas piezas son dientes humanos infantiles, la investigación tendrá que llegar hasta sus últimas consecuencias. Pero si los peritajes determinaran otra cosa, también deberá explicarse con absoluta transparencia cómo se produjo durante años una discrepancia tan gigantesca entre un colectivo de búsqueda y las autoridades responsables. La realidad es insoslayable ¡No existe una salida institucional cómoda! Denuncias del Hospital Regional de Alta Especialidad Dr. Juan Grahams Casasús reclaman espacio


