Durante la conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo aseguró que “en ciencias subió la calificación de los estudiantes” y que existe “reconocimiento del incremento en el conocimiento de ciencias gracias a la Nueva Escuela Mexicana”. Lo expresó en sus espacios institucionales, entre ellos su cuenta de X y su perfil de Instagram, y también puso en relieve la labor docente, la curiosidad de los alumnos y la resiliencia de un sistema educativo sometido a fuertes presiones.
Sin embargo, los resultados de la prueba PISA, aplicada por la OCDE a estudiantes de 15 años, no respaldan una lectura causal. El ascenso de cuatro puntos en ciencias entre 2022 y 2025 —de 410 a 414— se ubica dentro del margen de error del instrumento y, comparado con 2018, México continúa cinco puntos abajo. Como se puede consultar en la ficha país difundida por la SEP y en los documentos técnicos del organismo, la OCDE clasifica ese movimiento como no estadísticamente significativo.
PISA 2025: los números que marcan el contexto
PISA no evalúa un plan de estudios en particular, sino las competencias acumuladas de los jóvenes de 15 años. En tres mediciones recientes, el desempeño mexicano en ciencias dibuja una meseta más que una curva ascendente:
| Año | Ciencias | Matemáticas | Lectura |
|---|---|---|---|
| 2018 | 419 | 409 | 420 |
| 2022 | 410 | 395 | 415 |
| 2025 | 414 | 388 | 408 |
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Matemáticas retrocedió siete puntos —una caída sí significativa— y lectura también cedió siete, aunque sin significancia estadística. El promedio de la OCDE en ciencias se ubicó en 482 puntos: la brecha mexicana equivale a más de dos años escolares de aprendizaje. Cerca de la mitad de los estudiantes mexicanos no alcanza el Nivel 2, el umbral básico de competencias científicas, mientras en el promedio de la organización alrededor de tres cuartas partes sí lo logra.
Dichos del gobierno y la OCDE
El contraste entre ambas narrativas es notable. Sheinbaum presentó los resultados como un respaldo al nuevo modelo educativo, mensaje que difundieron también los canales oficiales del Gobierno de México en Facebook y los perfiles institucionales en LinkedIn. Además, cuestionó que una misma prueba se aplique por igual en todos los países.
Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, señaló otra cosa: habló de resiliencia, no de éxito del modelo. Indicó que muchos sistemas descendieron más que el mexicano, que México sostuvo relativamente sus resultados en ciencias y lectura mientras incorporaba a más jóvenes de 15 años —incluida población históricamente excluida— y que la brecha socioeconómica no se amplió tanto como el promedio de la organización. Precisó que destacan la curiosidad, la perseverancia y el sentido de propósito de los estudiantes, pero no atribuyó el pequeño avance en ciencias a la NEM ni certificó causalidad alguna. La interpretación de la SEP y su comunicación oficial como aval técnico es, en rigor, una lectura política.
En ciencias +4 debido a la NEM
La exposición temporal juega en contra de la atribución. La Nueva Escuela Mexicana se anunció en 2019, pero su implementación generalizada en educación básica se concentró a partir del ciclo 2022-2023 y 2023-2024, tras pilotos y litigios. Los adolescentes evaluados en 2025, nacidos hacia 2009-2010, cursaron casi toda su primaria con los planes 2011 y 2017; solo los últimos dos o tres años de secundaria coincidieron con el nuevo currículo. PISA mide acumulados largos, no el efecto inmediato de un plan reciente.
Se suman otros factores: la ampliación de cobertura escolar entre 2015 y 2025, que presiona el promedio hacia abajo al incluir a más jóvenes en desventaja; la recuperación desigual post-COVID; y el deterioro simultáneo en matemáticas y lectura, difícil de compatibilizar con un modelo que supuestamente “eleva ciencias”. Además, tras el desmantelamiento del INEE no existe una evaluación nacional estandarizada con auditoría externa comparable, de modo que PISA 2025 fue prácticamente el único termómetro independiente del periodo.
Un rezago estructural e histórico
Desde 2006, la puntuación mexicana en ciencias oscila en un rango estrecho de entre 410 y 419 puntos, sin tendencia de mejora estructural. La proporción de estudiantes de alto desempeño es marginal —0.2 % frente a 7.2 % del promedio OCDE— y el país se ubicó cerca del fondo entre los miembros de la organización. En América Latina, Chile y Uruguay quedaron claramente por encima; México empata o supera apenas a Colombia y Brasil.
Los sí databan para destacar: México figuró por encima del promedio OCDE en índices de curiosidad, perseverancia y disposición al esfuerzo. Eso es congruente con el discurso de la NEM, aunque no demuestra que el modelo causara el movimiento del puntaje.
Resiliencia reconocida
Afirmar que la NEM “aumentó la puntuación en ciencias de PISA” no resiste el escrutinio técnico: se trata de un cambio pequeño, no significativo y todavía inferior al registro de 2018. La OCDE reconoce la resiliencia del sistema y las cualidades de estudiantes y docentes; no valida un éxito causal del modelo. Con escuelas en condiciones precarias, casi nula proporción de alto rendimiento y deterioro en matemáticas, el reto sigue siendo el mismo: sin evaluaciones nacionales independientes y rigurosas, será imposible separar el efecto de la NEM del de la pandemia, la cobertura y los recursos escolares. El +4 en ciencias no alcanza para sostener la proclama de un ascenso atribuible al nuevo paradigma educativo.
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