TRANSPARENCIA POLITICA
Erwin Macario
Sin renunciar a mi gen periodístico —a la tinta negra que colorea la vida, al papel que es la memoria revisable—, mi incursión en “Foro, mesa de análisis del periódico En Cambio”, en el mundo hiperconectado de las redes sociales, me ha permitido —en las grabaciones de ensayo—, entender que las audiencias serán, al fin y al cabo, las que ayuden a enfrentar el autoritarismo y la censura.
Si bien el destino me había desviado del traje talar al que me guiaban las monjas del Colegio Carlos Grossman, de Acayucan, Veracruz, pues al llegar a Villahermosa mi primer intento de buscar trabajo lo tuve en “Telereportaje”, apenas de 18 años de edad, que se frustró porque mi cuñado Antonio Reyes Zurita, que me apoyaría, ya había emigrado a Excélsior. Pero nada me alejo de ser periodista.
Trabajar para poder estudiar. Primero, ayudante de fotografía con el maestro Olán,
cobrador de letras de pavimento con Mario Brown Peralta, notificador de la Procuraduría del Trabajo con Olivero Pulido Morales y Bibiano de la Cruz… y con el movimiento estudiantil llegar, por recomendaciones de Mario Barrueta y Héctor Lainez, a corrector de pruebas de diario Presente.
Ya periodista, de papel y tinta, tuve escarceos con la radio y televisión, última ésta en la que fui reportero del primer programa noticioso de TV en Tabasco, dirigido por Rafael Vila Escalante.
Mi amistad con Jesús Sibilla Zurita, el grande de la radiodifusión en Tabasco, me permitió esporádicas participaciones en la radio, que se mantuvo con los hermanos Chuy y Emmanuel, herederos del más influyente medio informativo de Tabasco.
El recuento a vuela pluma viene por el proyecto en que comparto experiencias con algunas de las mejores plumas del periodismo tabasqueño, ahora buscando las audiencias digitales, esas que necesitan de un profesionalismo en la transmisión digital, presa de lo que Humberto Eco ha llamado “la invasión de los idiotas”.
Periodistas de oficio, frente, sigo con Eco, a quienes en las redes sociales son “legiones de idiotas que rimero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho de hablar que un remio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.
Las audiencias sean los jueces.


