Democracia virtual
Eugenio Hernández Sasso
Hay problemas que se agravan por la acción irresponsable de particulares, pero existen otros que crecen todavía más por la indiferencia de quienes tienen la obligación legal y moral de impedirlos.
El caso de la laguna ubicada junto al fraccionamiento Valle Marino parece pertenecer a ambas categorías, toda vez que durante años ha sido rellenada por paracaidistas con escombros y desechos, mientras las autoridades de los tres órdenes de gobierno parecen haber convertido la evasión en política pública.
Los vecinos aseguran llevar más de 15 años tocando puertas y, durante todo ese tiempo, han presentado escritos, denuncias, fotografías, videos y solicitudes ante el Ayuntamiento de Centro, Conagua, Semarnat, dependencias ambientales estatales, Protección Civil y Obras Públicas y, desafortunadamente, el resultado ha sido una interminable cadena burocrática donde cada institución encuentra la manera de transferir la responsabilidad a otra.
Lo peor del caso es que mientras las oficinas intercambian papeles, la laguna desaparece y el problema crece, dado que no se trata solamente de un asunto paisajístico o de una disputa vecinal, ya que la propia documentación exhibida por los afectados incluye un oficio de Conagua, fechado el 22 de septiembre de 2017, en el que se reconoce la función del cuerpo de agua como vaso regulador para reducir riesgos de inundación durante la temporada de lluvias.
Esa circunstancia debería ser suficiente para despertar la atención inmediata de cualquier autoridad responsable, sobre todo en una ciudad como Villahermosa en donde las anegaciones son frecuentes en temporada de lluvias, pero nadie ha cumplido su compromiso.
La superficie original de la laguna era de 9 mil 630 metros cuadrados desde la fundación del fraccionamiento y los vecinos solicitan algo elemental, que se mida, se determine cuánto ha sido invadido o rellenado y se proceda al desazolve correspondiente.
También exigen conocer si existen permisos para depositar material y modificar un espacio con una función hidráulica y ambiental tan importante y fincar responsabilidades, pero estas preguntas sencillas siguen sin respuestas claras a pesar de los años que han pasado.
La historia de esta omisión atraviesa colores partidistas y distintas administraciones, pues gobiernos municipales del PRI, PRD y Morena han pasado por Centro sin resolver de fondo el problema, por eso sería absurdo reducir el asunto a una confrontación política.
Aquí hay una responsabilidad institucional acumulada, toda vez que han cambiado alcaldes, funcionarios y siglas, pero la laguna continúa perdiendo terreno y los habitantes de Valle Marino continúan preocupados por la amenaza de inundación que puede llevarlos a perder parte de su patrimonio.
Los vecinos advierten, además, que el relleno ha permitido la expansión de asentamientos en zonas donde antes existía el vaso regulador.
El problema, por tanto, no desapareció con la inacción oficial sino evolucionó y creció ante los ojos de todos.
Oficios presentados en 2021 ante autoridades estatales y municipales solicitaron inspecciones, estudios técnicos, revisión de permisos y evaluación de riesgos, pero no pasó nada.
Los afectados no están pidiendo favores ni privilegios, simplemente exigen que las instituciones cumplan precisamente con su función de vigilar, prevenir daños, aplicar la ley y proteger a la población.
Lo verdaderamente preocupante de todo esto es que existe una lamentable costumbre institucional de actuar después del desastre.
Quizá se espera a que llegue la inundación, a que las viviendas se aneguen y a que las familias pierdan su patrimonio para entonces buscar culpables, anunciar recorridos y prometer investigaciones.
Valle Marino ha advertido con anticipación del peligro a través del presidente del fraccionamiento, Gerardo Enríquez Bejarano, desde hace muchos años.
Los colonos cuentan con documentos, evidencia y antecedentes suficientes para intervenir, pero si las autoridades continúan ignorando el problema y un día ocurre una contingencia, nadie podrá alegar desconocimiento, porque fueron avisados una y otra vez.
Sassón
Prevenir también es gobernar y, en este caso, la prolongada omisión de las autoridades amenaza con convertirse en una inundación anunciada.


