KILÓMETRO CERO
POR EDGAR FERNANDO CRUZ
10 DE JULIO, 2026.
Estamos ante un libreto sumamente peligroso, trazado con cálculos fríos que hoy cobran una velocidad de vértigo. La pregunta vital que poníamos sobre la mesa hace unos días sobre por qué reavivar el tema del intervencionismo estadounidense ha sido respondida desde el más alto nivel.
La presidenta ha decidido romper la diplomacia de terciopelo y lanzar misiles de alto calibre directamente hacia Washington y hacia el pasado de nuestro propio país.
Hoy, la narrativa oficial dio un salto acrobático y estridente. La presidenta acusó abiertamente al expresidente Felipe Calderón de haber protegido al Cártel de Sinaloa durante su gestión, abriendo una vieja caja de Pandora doméstica.
Pero el golpe más severo no fue hacia adentro, sino hacia el norte: denunció de forma directa que el FBI, al operar de forma unilateral y pactar en lo oscurito con facciones criminales, lo único que provoca es un choque de trenes, creando y avivando de forma deliberada el conflicto entre los propios cárteles.
Pactar con un criminal para capturar a otro no pacifica el territorio; rompe los equilibrios del fango y desata guerras civiles en las calles mexicanas. Esa es la acusación implícita de hoy.
La apuesta de la presidencia de México ha pasado de fuerte a temeraria. Resulta a todas luces contradictorio focalizar los ataques contra las agencias de inteligencia de nuestro socio principal, tachándolas de desestabilizadoras, justo cuando al mismo tiempo le exigimos que mantenga la calma y reafirme las cláusulas de concordia del T-MEC. ¿Cómo pararse en la mesa de negociación comercial mientras en la mañanera se acusa a sus agentes de encender la mecha del narcotráfico en México?
Hay que quitarnos la venda de los ojos: este conflicto es real, pero no está basado en una auténtica defensa del derecho internacional o de la soberanía nacional. Tampoco se trata de una estrategia puramente policiaca contra el crimen organizado, y mucho menos de un choque ideológico.
Al meter a Calderón y los pactos del FBI en la misma licuadora retórica, el gobierno federal devela sus verdaderas cartas. El fondo real de esta crisis es la información y el control del relato político. Es el lodo en el que ambos países pueden terminar nadando ante los ojos de la comunidad internacional si las compuertas de los secretos compartidos se llegan a abrir.
Es un juego de chantajes cruzados de altísimo nivel: México expone las malas artes de las agencias estadounidenses y los trapos sucios del pasado para blindarse ante las estocadas que Donald Trump pueda lanzar antes de noviembre.
Por el momento, el tablero está encendido al rojo vivo. Las acusaciones de hoy vuelan alto, el fuego cruzado arrecia y el piloto parece haber estacionado el avión en una exposición con curaduría cínica.
La otra pregunta es: ¿Estamos en medio de la peor de las tormentas bilaterales? La respuesta es no. Siempre ha existido, solo que hoy se pone al descubierto lo que todos sabíamos. Estado unidos opero y sigue operando en México con políticos, empresarios, periodistas e intelectuales. Espías y susurradores, como les llamó Mister Ken Salazar, quien amenaza con un libro lleno de secretos ya que las reuniones con AMLO fueron muy continuas.
Aquí le dejo.
